Corea del sur: Seúl a Suanbo

Eso era al menos lo que decía uno de los pocos blogs que encontramos de gente extranjera que había hecho la ciclovía y la verdad, el sólo hecho de que haya tan poco que leer me motivaba más a ir y disfrutarla mientras no estuviera muy llena o sobre explotada turísticamente. Finalmente cuando estábamos en Tailandia, decidimos que luego de Laos, que marcaría nuestro fin en el sudeste, nos iríamos a Corea (Desde ahora me referiré al país con K, porque acá lo hacen con K, y por eso el K-Pop, el K-rail, la K-food y todo K). En medio de eso nos robaron, perdimos mucho tiempo en Vietnam, nos desmotivamos con ir a Laos por lo mismo, apareció Taiwan que fue un tremendo acierto y ahora finalmente estamos aquí. Acampando en un terreno baldío en un parque que hay en una ladera de cerro en una pegueña ciudad llamada Dari, cuyo supermercado es lo único que hemos conocido hasta ahora, pero si se encuentra peanut butter y duraznos en conserva Y chocolate alto en cacao, entonces debe ser una gran ciudad.

Pero vuelta al comienzo.

Aterrizamos en el aeropuerto de Incheon- Seúl el miércoles 31 de Mayo de 2017, a las 9 de la noche. Tras mucho intentarlo, no fuimos capaz de encontrar a alguien que nos alojase en la ciudad y con mucho miedo, porque sabíamos la reputación de caro que tiene el país, entramos a Airbnb donde para nuestra sorpresa encontramos un cuarto en una casa-pensión por 15 dólares, con un camarote y aire acondicionado. Ya que nuestras colchonetas son de 50 cms de ancho, se puede decir que hemos pasado gran parte del año durmiendo en una cama inflable de una plaza por lo que el camarote no es problema, es lujo.
Viajar por Asia en avión es relativamente barato, porque hay mucha oferta. El tramo Taipei-Seúl lo ofrecen alrededor de 6 aerolíneas. Para darles una referencia nosotros encontramos el viaje a 93 dólares, pero a nosotros siempre nos toca pagar extra por las bicicletas. Las aerolíneas low-cost funcionan así, castigan el exceso de equipaje. Aún así no anduvo tan mal, pagamos 30 dólares adicionales por 30 kilos cada uno. Con eso siempre estamos justos, y nos toca llegar al aeropuerto, pesar las cajas y los bolsos con las alforjas, y mover cosas de un lado al otro, poner más peso en el equipaje de mano y como último recurso usar varias capas de ropa y los bolsillos llenos, pero nunca hemos pagado de más.
Lo que sí es una recontra joda es el moverse desde el aeropuerto a las ciudades con tanto equipaje, y Seúl fue la peor experiencia de todas. Resulta que el aeropuerto es una isla artificial que sólo se conecta a tierra firme por dos puentes-autopistas, por lo que no existe la opción de salir pedaleando desde el aeropuerto. Afortunadamente hay un tren, y más afortunadamente aún nuestra hostal quedaba en la misma línea que el aeropuerto porque navegar ese monstruo de red de metro es para dejárselo a los expertos. MIREN ESTA FOTO DE LA RED.

Red de metro de Seúl.

En general los aeropuertos con tren tienen el mismo en un subterráneo, y en todos los casos que he visto sólo puedes llegar con el carrito o trolley hasta la entrada al tren. Luego, toca bajar las tremendas cajas de bicicletas, más los bolsos con las alforjas, más el equipaje de mano sin asistencia mecánica. Llevamos las cajas hasta el andén y luego volvimos por las bolsas, primera oportunidad de experimentar lo que se dice es una gran ventaja de Korea, la gente es tan honesta que ni pensaría en recoger algo que no es suyo.
Al bajarnos en nuestra estación ya eran las 11:30 de la noche y tuvimos que hacer el proceso inverso. Primero acarrear todo los tres niveles que tenía la estación hasta la calle, y luego caminar hasta la hostal a unas 4 cuadras. Lo que hicimos fue irme yo sólo con los 30 kilos de bolsos al hombro hasta encontrar la hostal, y luego volví para que entre los dos nos lleváramos las cajas. Cuando llevábamos sólo una cuadra una señora cartonera nos vio y le debemos haber dado pena porque nos ofreció un carrito para llevar las cajas. Cuando volví luego de dejar todo en la hostal para devolvérselo se reía y me decía thank you. Ni se imagina cuan agradecidos estábamos nosotros.
Teníamos sólo un día para recorrer Seúl, pero ni eso pudo con el cansancio y nos despertamos a la hora del reverendo. Salimos sólo porque teníamos hora en la embajada chilena , a la cual fuimos para que yo pidiera mi pasaporte ordinario y no la cagada de emergencia con la que ando, y que éste sea enviado a Tokio. Saliendo de Taiwan me tocó un show en que el policía de inmigración llamó a su superior y entre los dos me miraban fijo a los ojos esperando… que se yo, que saliera corriendo como si ese pasaporte de juguete fuera una mala coartada para tráfico humano o algo. No quiero pasar por eso de nuevo así que esta es la solución.
Luego de lograr sacar plata salimos a caminar por un sector comercial. El primer gran cambio que notamos con el resto de Asia es en las apariencias. Si te gusta la gente sencilla, éste no es tu lugar. Los hombres se visten muy a la moda, pero lo de las mujeres es enfermizo. Como acá se aprecia mucho la tez blanca, andan todas escondidas detrás de una capa de maquillaje que las hace parecer como pintura al óleo, lo menos menos sexy a mi juicio. Además como semejantes obras de arte no soportan bien la intemperie, andan todas con espejitos y se revisan enfermizamente en cada oportunidad que tienes de estar solas.
Seúl es efectivamente bien caro, pero dimos con un lugar donde un roll de sushis y una pasta típica no estaban a tan mal de precio. Afortunadamente los platos más castigados son lejos las carnes. Me fijé en muchos restaurants de Korean barbecue, esas que tienen un quemador en la mesa y tú vas asando la carne a tu gusto, y para eso hay que pagar por lo menos 35 dólares por persona.
La cónsul de Chile nos recomendó una visita a un barrio que concentra varios palacios, y también ir al distrito más exclusivo que se llama Gangnam. De hecho el hit del 2012 Gangnam style es una parodia a los pijes, cuicos, chetos o como quieran llamarle de ese sector. Partimos hacia los palacios y ya estaban todos cerrando. Desde ahí partimos a Gangnam, pero tras pedalear media hora se nos hizo de noche y nos encontramos con el río Han y la súper ciclovía que al día siguiente nos iba a sacar de la ciudad y no pudimos resistir la tentación de ir a pasear por los parques que hay en los puentes por los que se puede cruzar el río, y nos quedamos viendo los juegos de agua y luces hasta que fue hora de volver a la hostal.

Cami viendo los chorros de agua y juegos de luces en el puente en Seúl.

Algo que se nos ha hecho una mala y sana costumbre es que cada vez que pagamos por alojamiento lo estrujamos al máximo. ¿Cómo se hace eso? Quedándose en cama hasta segundos antes del checkout y comiéndose unos 3 desayunos si es que éste está incluido.
Partimos sin ningún apuro pasado el mediodía de la hostal, en dirección a un supermercado y a hacer un último intento, fallido también, de encontrar una simcard pagable para tener acceso a internet durante el viaje. Tomamos la ciclovía y cuando íbamos pasando por el sitio donde habíamos cenado la noche anterior decidimos almorzar ahí. De ahí fuimos a Gangnam para sacarnos la curiosidad pero al ver que no tenía nada de especial tan sólo buscamos un cajero donde sacar plata para poder dejar la ciudad y nos fuimos hacia el este por la ribera sur del río, lo cual fue una lástima porque de habernos mantenido por la principal que es la norte, hubiésemos pasado por el primer certification center o punto donde estampar tu pasaporte de las ciclovías. Lo bueno de quedarnos en el sur es que fuimos a dar al parque olímpico construido para las olimpíadas del ’88. Me encantan los estadios así que entramos a dar una vuelta, y vimos que en algunos de los espacios aledaños, probablemente el estadio de Basket, había un concierto K-Pop porque había una cola de unas 1000 niñas todas maquilladas iguales esperando que abrieran las puertas.
Tras esa visita finalmente Seúl comenzó a quedar atrás, y empezamos con nuestras vivencias y preocupaciones cotidianas, como donde dormir esta noche. Traíamos la idea de que las estaciones de timbrado de la ciclovía proveían un lugar donde acampar, pero de sólo ver la primera las ilusiones se fueron al piso. Era básicamente un restaurant cerrado, cerca de una ex estación que ahora hace de museo, sin un lugar donde poner una carpa. Afortunadamente en el país nunca hay problema de espacio, y encontramos una pequeña terraza de madera y abandonada cerca del río, ideal para acampar. Lo único que no estuvo tan bueno es que durante la noche sentimos un animal en el agua metiendo mucho ruido. Tenemos toda la fe en que haya sido una nutria, o una familia de ellas, aunque viendo el tamaño que tienen acá las garzas si una decidiera darse un baño, fácil se escucharía a unos kilómetros de ahí.

Nuestro primer lugar de acampada.

Lo que no reparamos tampoco es que dormimos al lado de un sendero que va por el borde del río y que lo utilizan mucho las personas mayores para salir a caminar. Esa mañana, siendo Sábado nos despertaron temprano los ir y venir y salimos a desarmar campamento. Uno de los viejitos se nos acerca y entablamos una “conversación” a palabras locas y nos invitó a su casa que quedaba al otro lado del cerro. La casa era de verdad una granjita, con su patio de pasto y su terraza con vista al lago. Tomamos un café con unas galletas con el señor, haciendo lo posible por sacarnos mutuamente información (él nos dijo que habían nutrias), llegamos a que era un profesor de contabilidad retirado… o eso creemos.
Volvimos luego a la estación donde compramos nuestro pasaporte con mapa y donde nos enteramos de que ya habíamos dejado atrás no una sino dos estaciones que jamás timbraríamos, pero de sólo ver la cantidad de lugares por visitar salimos más excitados que de costumbre a pedalear. Harto tiene que ver en eso también la tremenda cultura ciclista que hay en el país. Mientras hablábamos al lado de la ciclovía pasaban incontables grupos de gente andando en bici. La gran mayoría grupos de gente en bicicletas de ruta, pero también familias o grupos de niños en sus mountain bikes. También acá son furor las bicicletas plegables, vimos unos modelos geniales que nunca había visto de las mismas marcas europeas como Brompton.
A unos pocos kilómetros de donde estábamos hay una bifurcación en la vía. Si tomas a la derecha enfilas hacia el sur por la ciclovía grande que llega hasta el sur del país, y hacia la izquierda tienes 70 kilómetros de una ciclovía nueva hacia la ciudad de Chuncheon. Con toda la emoción del primer día decidimos ir hacia la izquierda, lo que no estaba en los planes de nadie, pero, ¿Cómo irse sin esos timbres en nuestro pasaporte? Es muy raro lo que hace la motivación a veces….
Llegamos a Chuncheon en un día a pesar de que había harta subida, pero todo el camino era una sorpresa, con tramos por pasarelas sobre el río y otros entre flores en el lecho más seco del río. Por primera vez acampamos en una de las paradas de la ciclovía. No había wifi ni nada de la elegancia que habíamos escuchado, pero había un baño para una ducha por presas y sólo otro tipo acampando en la plataforma. Lamentablemente al parecer ese tipo sufre de cáncer de pulmón porque tosió como si se hubiera tragado las llaves toda la noche.
Al día siguiente nos correspondía bajar hasta el mismo punto en que enfilamos para el este, de modo de poder tomar la ciclovía principal hacia el sur. Unos 20 kilómetros antes del cruce pasamos frente a un camping gratuito a orillas del río y decidimos dejar hasta ahí el pedaleo nomás. De hecho nos gustó tanto el lugar que nos quedamos el día siguiente entero ahí también. Éramos los únicos que nos bañamos en el río, al parecer porque el exceso de lanchas y motos de agua hace que al resto le de asco el agua o algo así. Entablamos conversación con un viejo que vivía ahí y paseaba frente nuestro con sus maravillas de perros, y el resto del día se nos fue entre la siesta y las comidas.

Camping junto al río Han

El día siguiente partimos hacia el sur, al parecer ese día era feriado pero no lo pudimos confirmar. Digo eso porque en Corea está lleno de ciclistas de fin de semana y nos tocó un montón de ellos saliendo de la ciudad. Una crítica social que hemos escuchado a mucha gente con la que pudimos conversar es que Corea está lleno de trabajólicos, con harta plata y sin tiempo para nada, así que terminan comprándose juguetes caros para usarlos de vez en cuando. Entre las bicis que vimos ese día habían varias que deben haber costado más que lo que llevamos gastado en el viaje hasta ahora.
La ciclovía esa, por estar cerca de Seúl, era simplemente espectacular. Atravesamos si recuerdo bien 6 túneles sólo para las bicis, con juegos de luces de colores y obras de arte en su interior. Lo único que nos mató el espíritu fue el clima. Cuando paramos a almorzar en la estación de una ciudad del camino se nos puso a llover. Cuando retomamos el camino pasamos por el primer camping gratuito que vimos. Tenía duchas y todo, pero no tenía ningún techo para protegerse de la lluvia que sin duda caería más tarde. Eran sólo las 3 de la tarde así que tras una breve discusión seguimos camino hacia otro camping que había en el mapa.
Dos horas. Al menos dos horas estuvimos pedaleando bajo la lluvia. Pasamos por varios lugares buenos para acampar, pero como habíamos dejado pasar una ducha caliente las expectativas ahora eran mayores por llegar a donde íbamos. Llegamos al camping y el lugar resultó ser un parque espectacular. Una isla en el medio del río donde no había nada más que parque con plataformas para acampar y un campo abierto tremendo. Tan despoblado que en una ida a comprar me tocó ver un ciervo corriendo por el pasto. Nunca nos toca estar juntos para esos momentos y la Cami se fue ya de Corea sin ver uno.
El único drama es que el camping no tenía ducha a pesar de que en el mapa salía que sí, pero el dormir bajo techo mientras la lluvia la tiraban a baldazos lo compensó.
De nuevo nos dimos la licencia de quedarnos un día más entero sin pedalear, porque estando en un lugar tan bonito es difícil motivarse y salir a pedalear bajo la lluvia. Después de almuerzo pasaron una pareja de viejitos caminando bajo la lluvia a pie pelado. Les metimos conversa y a pesar de que hablaban 4 palabras de inglés, les dimos lástima y terminaron invitándonos a pasar la noche en su casa.
En 10 minutos desarmamos campamento y lo seguimos a él camino a la casa. Ella se había ido antes y cuando llegamos nos tenía preparada una comida deliciosa y además vegana. Lamento que no nos pudimos comunicar muy bien pero de lo que entendimos eran recién jubilados que se habían construido esa casita y estaban en el proceso de irse de la ciudad de Seúl a una casita en las aldeas cercanas como hace mucha gente que ya no trabaja. Pasamos una de las mejores noches del viaje porque a pesar de que la pieza que nos asignaron no tenía aún una cama, tenían calefacción por loza radiante, así que ahí tirados en el suelo, pudimos apreciar el sonido de la lluvia mientras nos cagábamos de calor.
El día siguiente resultó ser un día tan bonito que incluso dio para cagarnos de calor. Llegamos a una ciudad llamada Chungju derecho a un supermercado para comprar almuerzo y luego a dormir una siesta en el parque que cubría toda la orilla del río. Perdimos gran parte de la tarde haciendo averiguaciones sobre si había un bus que fuese de una ciudad en la costa llamada Gunsan hasta esa ciudad, porque desde ahí cerca nacía una ciclovía de 250 kilómetros hasta la costa oeste y pensábamos tomarla. Pero aparte de ser difícil comunicarnos, alguien nos contó que esa ciclovía no estaba terminada y gran parte de ella se hacía por un camino común, por lo que la descartamos.
El resto del día lo pasamos subiendo a una represa para cobrar nuestro timbre y ver el atardecer con el valle hacia abajo. La noche la pasamos durmiendo literalmente en un costado de la ciclovía. Este país es tan seguro que incluso yo, el más desconfiado viajero después del incidente en Vietnam decidí probar suerte y no amarrar mi bicicleta. Demás está decir que a la mañana siguiente ahí estaba la chancha descansando contra el árbol con un par de telarañas nuevas nomás.
Después de ese punto el paisaje cambió un poco. La ciclovía se metió entre granjas y más granjas, y si bien nunca nos tocó andar junto a los autos, sí se hizo un camino más serpenteante como tratando de ser seguro a como dé lugar aunque fuera tomando vueltas tontas. Después de un montón de dichas vueltas llegamos a la región famosa en todo el país por sus termas. El pueblito era la verdad lindo, bien decorado y entre montañas boscosas. Buscamos la forma de ir a unas termas por el día pero no podíamos encontrar ningún lugar por ahí cerca para pasar la noche después. El problema de subir a las montañas es que desaparecen las zonas planas al borde del camino y aquí estábamos en una zona más bien escarpada. Al final no sé si me ganaron mis ganas de descansar o el lobby de la Cami, pero terminamos arrendando una pieza en un hotel cuyo precio era más de 1.5 veces nuestro presupuesto diario.
Por lo menos en esa ocasión el hotel terminó siendo una excelente sorpresa. Teníamos una rica pieza con baño con tina y agua termal, desayuno y todo el café de máquina que quisiésemos incluido. Lo administraba una familia que hablaba inglés básico así que los sentamos a conversar y estuvimos harto rato haciéndole preguntas de las cosas que nos habían llamado la atención más de la sociedad que del paisaje. Por primera vez en unos 10 años me di un baño de tina y hasta puedo decir que me gustó. Antes no tenía una esposa a mi lado.
Salimos del hotel al filo del check-out nuevamente. En este caso el mediodía. También en este caso bajo unos 32 grados, quizás lo pudimos calcular mejor porque teníamos delante nuestro la montaña más alta de toda la ciclovía. Eso, es historia para el próximo post.

 

Las fotos de este parte del viaje las puedes encontrar en la sección de fotos de Corea.

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