Taiwan en bicicleta: La costa oeste y Taipei.

Este oso es como el simbolo del turismo en Taiwan, lo encontramos en todas partes.

Donde los dejamos nos encontrábamos yendo en tren hacia la costa oeste, a la ciudad de Kaohsiung. En el extremo sur de Taiwan hay un parque nacional llamado Kenting, hogar de una tribu indígena y además famoso porque en el estrecho que se forma después de la punta de la isla naufragaron muchos barcos durante los siglos de las colonizaciones europeas, lo que conllevó a una construcción de un faro con la consecuente “movilización” de los indígenas más hacia el este. Lamentablemente el parque no tiene más que un hotel cerca del faro y como nos había llovido todos los días por los últimos cinco al menos, decidimos no ir para allá, pues implicaba al menos 200 kilómetros incluyendo el ida y vuelta.

Por la ventana del tren vimos como al dejar atrás las montañas el paisaje cambia totalmente, pues no hubo momento en nuestra estadía en Taiwán previo a eso en que no estuviéramos escalando o descendiendo algo. Ahora en el llano todo se puso más parecido a Vietnam y el sudeste que conocíamos, plantaciones de arroz y palmeras, más piscinas de pisciculturas de esas que tienen un molino eléctrico andando no sé si para que no se les llene de cosas el agua o para mantener a los peces haciendo un poco de ejercicio.

La llegada a Kaohsiung fue de noche. Sabíamos que nos íbamos a una ciudad grande, pues es el principal puerto de un país que vive de sus exportaciones, pero no nos imaginamos lo moderno que sería todo. Partimos en las bicis por una avenida de las principales que era muy parecida a las calles en Florida o Los Angeles en Estados Unidos, veredas amplias y mucho espacio para estacionamiento con grandes edificios iluminados. Pasamos por el hotel O2 que tenía uno de esos juegos de focos que hacen parecer que el hotel se está lloviendo, un mall de esos que tienen vidrieras de marcas top y junto a una arena que nada tenía que envidiarle a los estadios de la NBA. Para completar las similitudes, estaban promocionando el concierto de Britney Spears a fines de mes.

Nosotros nos dirigíamos a casa de Kirby, un anfitrión de Couchsurfing que se ofreció a alojarnos tras recibir mi extra-penoso mensaje de ayuda, creo que abusé un poco del accidente de Cami para dar lástima. Él vive sólo en una casa de la familia que tiene 3 pisos y como cuatro piezas. Además tiene una amasandería en el primer piso y se dedica a la venta de galletas y pasteles. En el transcurso de los tres días que pasamos con él creo que el saldo final fue 3 paquetes de galletas, 13 rollitos de canela, 3 brownies y 19.854 kilocalorias consumidas entre los dos.

El primer día allá lo aprovechamos para salir a conocer el área donde vivía Kirby, que tiene una de las principales atracciones locales que es una laguna llamada el Lotus pond, que en una de sus orillas tiene templos Taoístas y maoístas con esculturas gigantes. Me encantaría poder contarles más sobre los templos pero la verdad no había ningún guía o encargado que hablara en inglés, y en general mi interés por los motivos religiosos tiende a cero bastante rápido como para llegar a la casa a averiguar más. Ese día era un Sábado y la diferencia de hora de doce horas con Chile me puso a las tres de la mañana con mi computador conectado al wifi en un sitio ilegal viendo el partido de la U contra San Luis de Quillota, donde la U finalmente se tituló campeón. Afortunadamente la Cami tiene el sueño pesado así que no logré despertarla ni al principio, ni con el gol de la U, pero cuando quedaba una jugada de partido y a la U casi le meten un gol que hubiese significado darle el campeonato a Colo Colo creo que desperté hasta a Kirby. Eran las 6 de la mañana cuando con la felicidad de ser campeón me fui a acostar.

El segundo día resultó ser un domingo y Kirby nos invitó a compartir un almuerzo con sus amigos. Nosotros le dijimos que íbamos felices, y sus amigos resultó ser un grupo de señoras con sus hijos que conocía de la iglesia, ¡Kirby era mormón!

El almuerzo fue en uno de estos restaurantes en que cada uno tiene un quemador en frente suyo en el cual ponen una olla con caldo y tú vas cocinando lo que deseas adentro. Lamentablemente como nos suele pasar cuando andamos con más gente y ellos eligen el lugar, quedamos en ese incómodo momento en que te das cuenta que hasta el agua es más cara de tu presupuesto diario en comida, sin embargo pedimos una de esas ollas o hot-pots vegetarianas y terminó siendo más comida que la que nos pudimos comer entre los dos. Además había un vaso de té endulzado para cada uno cuando llegamos, y como los mormones no pueden tomar té nos cayeron todos a nosotros. Además sirvieron también gratis unos vasitos de vinagre de ciruela hecho smoothie, que a pesar de no sonar tan rico fue de las mejores cosas que probamos en Taiwán.

Luego del almuerzo aceptamos a acompañar al grupo a comprar unas cosas y pasamos al menos dos horas en un mall y super mercado viéndonos las caras mientras nadie compraba nada. ¿Es que hay algún peor panorama para un domingo que ése?,¿Qué será lo que lo hace tan común? Lo único rescatable es que había muestra gratis de todo y yo me quedé paseándome por ahí sacando 3 o 4 veces lo mismo evitando el contacto visual con el promotor. Aparte, las 11 veces que tuve que ir al baño mientras estuvimos ahí, merced de los 6.5 vasos de té y el litro y tanto de sopa del almuerzo hizo algo más dinámico el pasar del tiempo.

A pesar de las ganas locas de irme a dormir, nos ofrecieron pasar a comprar a otro lugar, pero dijeron que era un mercado de comida así que me mejoró un poco la cara, y efectivamente resultó ser un mercado entretenidísimo, cuyo único gran problema era que olía a stinky tofu en sus cuatro esquinas. Las señoras nos regalaron unos dumplings gigantes para complementar los rollitos de canela que teníamos en el auto de Kirby.

La jornada redonda perfecta.

Templo del tigre y el dragón

Menú de domingo

Mientras estábamos en la casa de Kirby esa noche estaba en el computador y leo en mi Facebook que una chica americana que recibimos en nuestro departamento en Santiago junto a su novio, cuando viajaban en bici desde la Patagonia hasta Costa Rica, estaba ofreciendo un cupón para Airbnb que expiraba pronto y no lo podrían usar. Yo le dije si nos lo podía dar y a ella le encantó la idea, así como para poder retribuir nuestra ayuda. What goes around comes around , como dicen en su país.

Al día siguiente salimos a hacer sólo 60 kilómetros hasta la ciudad de Tainan, primera ciudad en Taiwan y lugar donde comenzaron la colonización los holandeses, primeros europeos en instalarse en la isla (los portugueses que la bautizaron como ilha Formosa nunca instalaron una población ahí). Teníamos un lugar que elegimos de Airbnb para llegar así que salimos sin ninguna prisa por una de las 5 carreteras que a esa altura atraviesan la costa oeste y, la verdad, fue una de las jornadas más aburridas sobre una bici que hemos tenido. El problema con la costa oeste de Taiwán es que es plana, como ya había dicho, y hay mucha fábrica, granja, ciudades y autopistas., la única forma de hacerles un poco el quite a los camiones es irse por la autopista 3, que se va por las montañas. El problema es que Tainan está en la costa, así que entre camiones y de cara al viento nos fuimos por unas horas. No nos tocó ver nada interesante en el camino y además estaba todo el comercio cerrado, así que terminamos almorzando en un 7 eleven.
La navegada para entrar a Tainan estuvo buena, porque como buena ciudad antigua tiene una plaza central y avenidas que se alejan, con calles concéntricas entre ellas. Pasamos por afuera de un museo con mucha pinta europea. Estatuas afuera y un edificio de la escala de palacio real europeo, y buses llenos de turistas entrando.

No fue tanto el interés como para entrar.

Al llegar al departamento de Airbnb nos salió a recibir una chica de 1.40 metros de estatura que vivía con otras dos del mismo porte. Eran de Vietnam y hablaban inglés, pues estudiaban en Tainan un programa en inglés. ¿Será que toda la población anglo-parlante Vietnam se encuentra en el extranjero y por eso no los vimos? Nos ofrecieron entrar las bicicletas al sótano y luego tuvimos que subir a pie los cinco pisos con todos los bolsos. Por algún motivo siempre que arrendamos algo nos toca en un piso alto y sin ascensor. Me acuerdo de 2 excepciones en años de viaje.

Tainan tiene sus encantos. Edificios viejos transformados en barrio hipster, un barrio al borde del mar y unas playas medias descuidadas a mi juicio. Pero lo mejor que tiene es un mercado nocturno con uno de los mejores bubble teas que probamos y con la mayor variedad de comida por metro cuadrado. Cada local parecía estar encima del siguiente y te paras en una fila y no sabes si es para comprarle a éste o al vecino, entre medio un par de mesitas que no sabes si son para los clientes de uno o del otro y comes pensando que va a venir alguien a echarte.

Mientras comíamos por la noche, recibimos una respuesta positiva de un anfitrión de Couchsurf para quedarnos con él al día siguiente en la ciudad de Chiayi, ¡3 ciudades consecutivas con un lugar donde dormir! Es como una especie de récord para nosotros.

Como no podía ser de otra forma, el día siguiente no ofreció ninguna gracia en cuanto al pedaleo. Plano y en una autopista un poco más grande, para seguir el camino más corto, llegamos a Chiayi a es de las tres porque George, nuestro anfitrión por esa noche, nos había dicho que entraba a trabajar a las 3:30. Aunque nos dijo que en caso de llegar después de eso podíamos coordinar que nos dejara las llaves por ahí, encuentro más cómodo siempre ser recibido por el anfitrión que él llegue y estar así todo instalado con los calzones lavados colgando en su baño.

George resultó ser un tipo bastante interesante. Estaba en Tainan trabajando como profesor de inglés. El año anterior se fue con una amiga a hacer un viaje caminando por los Balcanes, que los llevó desde Eslovenia hasta Macedonia, unos 1.500 kilómetros a pie. Su apartamento tenía como única decoración mapas en idiomas eslavos con una línea negra que marcaba su ruta. Al finalizar su viaje, ambos simplemente no querían volver a su casa en Pensilvania, decepcionados de lo que había pasado desde el cambio de mando a su payaso de presidente, así que buscaron la forma de ganar algo de plata sin tener que volver hasta que dieron con una agencia de inglés que los colocó en Taiwan pero en ciudades diferentes.

Lo otro interesante de la estadía donde George es que su apartamento tenía un ambiente, más una cocinita y un baño. Eso significaba que íbamos a dormir juntos, por lo que nosotros propusimos sacar las colchonetas, pero él nos cedió su cama y durmió en el sillón.

Antes de eso mientras George trabajaba nosotros salimos a recorrer la ciudad y terminamos, de nuevo, en un mercado nocturno. Éste no era tan bonito pues en vez de tener un espacio dedicado simplemente se tomaba una calle, por lo que no había donde sentarse. Íbamos por ahí con el bubble tea diario de Cami cuando escuchamos el tan familiar bajo del reggaeton viniendo de un local al otro lado de la calle. Era un puesto de artesanías atendido por un matrimonio peruano-taiwanés. Él se llamaba Christian y llevaba más de 14 años viviendo en Asia, entre Corea, Japón y Taiwán. Su esposa, que se veía bastante más joven nos entendía el español, pero le costaba hablar, así que con Cami engancharon hablando en inglés de las diferencias culturales entre ellos en su relación.

Yo por mi lado me dediqué a hablar de fútbol.

A pesar de sus mejores esfuerzos la Cami no es una gran partner futbolístico. Yo la he tratado de instruir, y sobre todo cuando juega la selección le trato de meter conversa y ella trata de hacerme sentir cómodo usando lenguaje futbolístico chileno tal como: “Ese huevón la moja” o “es más lento que río de caca”, pero al final siempre se queda un poquito corta de conocimiento, como cuando le dije que yo metería a Pizarro desde el principio y ella me preguntó si ese era el dientudo con visos del Colo.

Christian por otro lado, al igual que yo, a pesar de vivir tanto tiempo lejos nunca se ha podido sacar el bichito por el fútbol, y entre que conversábamos me invitó a 3 latas de cerveza. Sin darnos cuenta se nos pasó la hora y nos tuvimos que ir apurados y yo medio borracho a esperando llegar antes que George a su casa porque nosotros teníamos las llaves.

Le ganamos por un minuto y medio y cuando llegó fuimos a tomar cerveza.

A la mañana siguiente salimos, y luego de conversarlo con nuestro guía ciclista local Tsai, nos dirigimos a la estación de trenes para saltarnos un pedazo de camino que incluso para los expertos de la zona no tenía nada de especial. En la estación nos dijeron que había un tren en 15 minutos, de los cuales 8 se pasaron peleando con el computador para poder imprimir los boletos. Cuando nos los dieron salimos corriendo pero la señora de informaciones nos llamó y nos hizo perder otros dos minutos sólo para decirnos que teníamos que ir al último vagón. Luego entramos corriendo al andén y tuvimos que cruzar las líneas en un ascensor. Mientras pasábamos por sobre las vías llegó el tren y metimos como sea las bicicletas en el ascensor para bajar y salimos corriendo. En ese proceso se rompió una de las sujeciones de mi alforja a la bicicleta.

El viaje en el tren lo pasamos viendo que podíamos hacer, y en la llegada al pueblito de Ershiu, donde íbamos salimos a almorzar y buscar en una tienda tipo ferretería alguna solución. Al final lo pudimos arreglar con una goma de esas para mangueras, pero tengo que convivir con la preocupación de que en cualquier momento me quedo con la alforja al hombro.

El motivo por el cual llegamos a ese pueblo es porque desde ahí comienza un camino que sube las montañas hacia el Sun-Moon lake, un lago que atrae a muchos turistas, probablemente por motivos más seductores que el nuestro: Arrancar del tedio del desarrollo de la costa oeste al momento de pedalear.

Con todo el tiempo perdido en el arreglo, llegamos relativamente tarde a la ciudad de Jiji. Además se nos puso a llover, así que tratamos de pedir alojamiento en un templo, pero el chico que lo cuidaba no nos pudo entender que queríamos ni con nuestras mejores mímicas. Al final terminamos durmiendo en una pequeña pérgola techadita para la lluvia, pero que nunca supimos si era en un lugar privado o no. Por eso al día siguiente despertamos cansados y eso que nos esperaba un gran día que lo grabamos en su totalidad y lo pueden ver en este Post.

 

Al final terminamos pasando todo un día extra ahí con ese encanto de familia. Yo lo utilicé para editar el video y descansar y Cami ayudó en la granja sacando caracoles. Los dos terminamos enteros picados por los bichos, gajes de las granjas orgánicas.

El camino de bajada del lago fue una delicia, porque todo el descenso fue a una pendiente constante y suave. Casi ni pedaleamos por 4 horas. El camino era lindo y no tan transitado porque teníamos literalmente arriba nuestro una tremenda autopista, que pasa cortando todos los cerros por túneles. Una cosa de locos, de verdad dudo que haya forma de justificar esa tremenda inversión, pero se agradece.

Ese día llegamos a la tercera ciudad más grande de Taiwan, que se llama Chaitung. Esta vez no nos funcionó ninguna red de alojamiento, así que pensábamos salir de la ciudad antes de que anocheciera, sin embargo el destino (o nuestra propia desidia disfrazada de destino) quiso otra cosa.

Lo que pasó fue que a la Cami se le cortó la cadena cuando íbamos camino a un Decathlon a comprar una almohada. Tuvimos que ir a una tienda que estaba a 100 metros donde nos la arreglaron en 15 minutos. Pero por algún motivo en vez de seguir, decidimos parar a almorzar en un restaurant e irnos a una tienda con internet a mandar mensajes para que alguien nos alojara esa misma noche. Como era de esperarse nos fue mal así que nos metimos a Booking punto com a buscar alojamientos pagados y no podíamos entender que fuera tan caro. No teníamos idea pero ese viernes comenzaba un fin de semana de cuatro días. El martes siguiente se celebraba un feriado chino, algo del dragón….en el río… bueno, lo importante es que lo más barato eran sobre 50 dólares, nada que ver con lo que solíamos ver.

Fuimos a la estación de trenes a ver si podíamos comprar pasajes para el día siguiente, ya que no sabíamos con la cantidad de gente que había en la ciudad si iba a haber disponibilidad. La señorita en el information center (en inglés con letras grandes) no hablaba inglés, pero con lo poco que sabía me dijo que no se podían subir bicicletas a los trenes en esa estación. Tendríamos que ir a la siguiente y ellos no vendían pasajes desde allá. Además, me dio un nombre de la estación siguiente que difería del que tenían los mapas, así que ni siquiera estábamos seguros si había otra línea de tren en dirección a Taipei.
A todo esto, creo que me faltó mencionar que  habíamos previamente decidido que Taichung iba a ser el fin del viaje en bici. Desde ahí a Taoyuan, que fue donde comenzamos, no había nada que nos tentara a seguir adelante entre autopistas y camiones, y tan sólo quedaban 3 noches sin contar en la que nos encontramos en el relato hasta nuestro vuelo de salida de Taiwán, y ya se nos había ofrecido alojamiento en Taipei por Tsai, el chico que viajó a punta de warmshowers por Europa y cuyos padres nos recibieron en Taoyuan (Ver relato de la llegada a Taiwan).

Lo importante ahora era conseguir un lugar donde pasar la noche de esos que no figuran en internet. Paseamos por alrededor de la estación por un rato largo, hasta que encontramos la calle de los backpackers. Los dos primeros que visitamos eran de esos lugares deprimentes en el quinto piso de un edificio antiguo donde por la nada despreciable suma de 400 NTD o 12.6 USD te podías hacer de una cama en un dormitorio para hombres o para mujeres. O sea más de 25 dólares para dormir separados. Luego, de casualidad dimos con un edificio aún más viejo y aún más deprimente donde un viejo en la entrada nos vio pasar y nos preguntó si queríamos alojamiento. Los dos arrugamos la nariz pero decidimos ir a ver el lugar de todas maneras. ¡Que pocilga por Dios! La pieza no había sido limpiada en lustros, olía a cigarro y en una de las paredes había un hoyo….pero tenía baño propio, una cama doble y era nuestra por la módica suma de 600 NTD la noche. Un cuarto que la opción más barata de Booking.

Lo primero que tuvimos que hacer fue tapar el hoyo en la pared, pedirle al viejo que se llevara el cobertor, que era lo que olía a cigarro, y pedirle sábanas limpias. Pero el baño tenía ducha caliente y había aire acondicionado y ventilador así que terminamos felices durmiendo en la segunda habitación pagada y la más cara de todo nuestro paso por Taiwán.

A la mañana siguiente, ya decididos a irnos derecho a Taipei fuimos a comprar desayuno y salimos con las bicis cargadas camino a la estación, a ver si podíamos comprar tickets desde la estación siguiente y luego pedalear hasta ella. En esta ocasión la señorita amablemente me dijo que como era feriado no se podían llevar bicicletas en ningún tren de la red en todo el país. Como no andaba con ganas de pelear y ni sabía el nombre de la que me había atendido el día anterior, volví derrotado donde Cami que me esperaba y juntos nos pusimos a buscar una empresa de buses. En ella nos dijeron que podíamos ir, pero que las bicicletas debían ir en cajas, así que nos pusimos a buscar una tienda de bicis o una ferretería. Nuestro recorrido nos llevó de vuelta a la estación y Cami me dijo que la esperara, ella iba a ir a preguntar de nuevo.

En eso estaba yo en el parque afuera haciendo hora, cuando siento unos gritos medios desesperados. Me doy vuelta y veo a Cami corriendo en mi dirección. Teníamos pasajes en tren desde esa misma estación…en 4 minutos más.

Salimos corriendo pegándole a las viejas con las alforjas, subimos un ascensor hasta el lobby, pasamos los boletos, tomamos otro ascensor hacia el andén y llegamos dos minutos tarde, pero no importó mucho porque el tren llegó 7 minutos tarde así que nos pudimos subir. La lástima es que estaba tan lleno de gente que era como meter una bici cargada al metro en horario punta, mucha gente mirándonos de manera incómoda y nosotros agachando la cabeza como pidiendo perdón, por dos horas y media hasta llegar a Taipei.

La capital de Taiwán es un lugar particularmente difícil para orientarse. Tiene un par de montañas bajas en todas direcciones, tiene además un río pero que pareciera darle una vuelta a todo el valle, entonces más difícil aún. Desde donde nos dejó el tren teníamos que recorrer un buen trecho hasta el parque donde trabaja el rommate de Tsai, ya que él con su novia también estarían fuera de Taipei hasta la noche. Afortunadamente logramos dar con uno de los recovecos del río que tiene un parque con ciclovía y por él te puedes acercar a tu destino.

Una vez que dimos con la tienda de cascos de bici donde trabajaba el chico, lo lamento pero nunca pudimos memorizar su nombre que sonaba así como “huatcht”, fuimos a un mall de tecnología bien famoso que hay en la ciudad donde están los display de las últimas innovaciones como juegos de realidad virtual y esas cosas. Si bien teníamos que buscar una reemplazante para nuestra sports cam robada, terminamos como siempre más tentados por irnos a revisar la oferta gastronómica y no compramos más un bubble tea y unos sándwiches y dumplings vegetarianos. Eran las 9 PM cuando volvimos a la tienda y junto con Guachthcht recorrimos los 13 kilómetros hasta su casa.

Los dos días siguientes los pasamos de manera bien pacífica, saliendo a conocer un poco de la ciudad y cayendo en esa pendejada de inventarnos necesidades para ir a comprar cosas sólo porque las teníamos disponibles. ¡Fuimos incluso a un Decathlon sólo para comprarme un par de calcetines! Tsai nos ayudó a preparar las bicicletas para el viaje, incluyendo nuevos neumáticos para Cami que él había encargado a su casa y juntos compartimos el último día, preparando una cena para él y Ann, su novia, que nos contaron harto de sus viajes por el norte y este de Europa.

Tsai y An nuestros anfitriones y guías en Taipei

Dado que el aeropuerto no está en Taipei mismo, sino que en Tayouan, nuestro viaje no comenzó a las 17:50 que era el horario del vuelo, sino que salimos a las 11:30 en taxi dirección a un pequeño aeropuerto en la ciudad con una conexión de buses al otro. Llegamos con más de cuatro horas de anticipación al aeroupuerto pero siempre prefiero eso y tener margen de acción si algo sale mal con las bicis que andar muy justos. Además, nos dio tiempo para tener dos comidas en el patio de comidas y las últimas dos dosis de la adicción de Cami a los bubble teas.

Resumir nuestro paso por Taiwán desde lo emocional es fácil, fue una experiencia encantadora que nos levantó el ánimo y donde recuperamos las sensaciones de confianza y cariño por la gente. Desde lo práctico es más difícil porque si bien es un destino espectacular para viajar en bicicleta, la experiencia para viajeros tradicionales o mochileros puede ser un poco más monótona. Hay menos atractivos turísticos particulares, pero todas las rutas son una atracción por sí solas. Es un lugar muy barato y rico para comer, pero pelea con Europa en cuanto a precios de alojamientos. La costa este es una belleza, mientras que la oeste fue al sacrificio y tiene su piel rasgada por tanto camino y fábrica. Aún así tengo el presentimiento que Taiwán va a dar mucho que hablar en materia turística durante los próximos años. No me extrañaría que se transforme en un imperdible del circuito por el sudeste asiático, y sólo puedo esperar que su gente no pierda la calidez, simpatía y curiosidad por los forasteros de la cual nosotros nos pudimos beneficiar.

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