Tailandia – Viajando en familia.

Después de llegar a Tailandia nos esperaba una experiencia que no habíamos vivido hasta ahora, ¡Alguien nos iba a venir a ver y viajar con nosotros!  Y no cualquier alguien sino que los papás de Cami, alias mis suegros.

La idea nació hace un montón de tiempo. Siempre había sido un tema para ellos el no viajar largas distancias por el miedo de Alejandro, mi suegro, a los aviones. La Sole, mi suegra, cuando niña vivió en Inglaterra, viajando un montón, y luego desde que se casaron salieron de Chile sólo una vez, lo cual entre broma y broma sí les generaba unas pequeñas discusiones.

Al final, el venir a vernos después de tanto tiempo se transfomó en la excusa o la motivación ideal para vencer ese miedo. Nosotros desde Australia los ayudamos a comprar los pasajes y toda la preparación de un viaje que para nosotros nos resulta casi natural, pero para quien no lo ha hecho nunca puede ser súper intimidante. Imagínense en un aeropuerto donde no hablan tu idioma, sin entender bien el sistema de información de las pantallas, ni de las tarjetas de embarque, ni si hay que retirar el equipaje en cada parada o sólo en el destino final. Contra todo eso hubo que hacer una preparación.

Además siendo honestos tan poco es que ayudáramos mucho con la elección de los vuelos: Santiago- Nueva York, Nueva York- Hong Kong y Hong Kong- Bangkok. Nos pueden criticar pero la diferencia de precios con la siguiente opción era brutal. El sólo pasaje a Australia por ejemplo que sería la opción más directa valía 1.8 veces el pasaje entero a Bangkok que compramos.  Ahora, de haber sabido que el vuelo de NY a Hong Kong se iba a demorar 12 horas porque al avión en el tramo anterior le pegó un rayo quizás hubiésemos soltado un poquito la billetera. Al final tras más de 40 horas desde que salieron de Santiago nos juntamos con el Ale y la Sole en el aeropuerto de Bangkok el 7 de Febrero al mediodía.

Lo primero que recordé al andar con ellos por las calles de Bangkok fue nuestra primera vez en un país donde no cachábamos nada de lo que estaba pasando, en Marruecos hace más de dos años ya. Con el tiempo aprendimos a manejarnos y no sorprendernos ni asustarnos frente a esas situaciones en que no entiendes ni te puedes hacer entender. Después la intensidad de sensaciones del viajar necesariamente se reduce. Con ellos estábamos viendo ese proceso de pérdida de virginidad viajera todo de nuevo. ¡Y se nota tanto! Mientras nosotros caminábamos ellos se nos quedaban atrás porque el Ale le estaba sacando fotos a las pilas de cables, o la Sole se quedaba pegada viendo a los vendedores de comida callejeros.

Honestamente, el único miedo que tenía yo de esta visita era sentirme el responsable de que fuese una experiencia a la altura de todo lo que ellos le metieron, sin transformarme en un guía turístico. Viajar de dos o viajar de a cuatro puede ser un mundo de diferencia si es que se encontrasen dos personas de ideas fuertes o con planes muy distintos. Afortunadamente como ellos descansaron en nosotros la ruta que íbamos a seguir nunca tuvimos ese problema.

Juntos fuimos primero a Railay beach, en la provincia de Krabi. De los lugares no quiero hablar mucho porque una simple búsqueda en Google o Youtube puede ofrecer tanto más para quién esté interesado que yo, pero para nosotros estuvo marcado por los monos en la pared de piedra frente a nuestro hotel, la mejor comida Thai en un pequeño restaurant en una calle de tierra, y una noche de tragos, Muay Thai y show de fuego.

Con Ale en Railay beach

 

Luego tomamos un bus y un Catamarán a la isla de Koh Tao, el mar estaba picadísimo y el Catamarán ni pensó en bajar la velocidad lo que armó un tremendo espectáculo. De la gente alrededor mío todos vomitaron, incluyendo a la Cami. Yo no estoy bien seguro como me las arreglé para mantener todo dentro pero fue una verdadera masacre. Por lo menos valió la pena.
Koh Tao es una isla donde hay muuuucha actividad turística. Tiene al menos 3 playas plagadas de resosrts y hostels. Hay más de 20 empresas para bucear y el muelle a cualquier hora es una locura, con Tailandeses descargando botellas y trajes para los buzos. Nosotros arrendamos piezas en un hotel en una bahía más retirada y tranquila, el hotel tenía una piscina con vista al mar y una bajada a la playa por una pasarela de madera que tomaba unos 6 minutos. Uno de los meseros del restaurant era fanático del fútbol y del Arsenal, y nos transmitió toda la estadía sobre Alexis y el partido de la Champions en que les volaron el culo en Munich, después de eso no hablo más. Técnicamente si no hubiésemos salidos del hotel seguro lo pasábamos increíble, pero nosotros estábamos ahí para sacar el certificado de buceo Open Water. Contratamos el curso en una empresa que se llama DPM o De Puta Madre, perteneciente a un Argentino y donde también trabajaban españoles y Chilenos, el pobre despistado que cayó ahí pensando  hacer el curso en inglés la debe pasar un poco mal.

Si nunca han buceado, háganlo ahora. O en sus próximas vacaciones pero no dejen pasar mucho tiempo sin bucear. Es una experiencia imposible de encontrar un símil o punto de comparación. Nosotros ya habíamos buceado en Isla de Pascua y en la República Dominicana, así que era cosa de tiempo y plata que se nos presentara la oportunidad para certificarnos, y Tailandia es uno de los lugares más baratos del mundo para hacerlo. Tiempo tenemos todo el del mundo. Nos tocó además un instructor y un grupo muy buena onda así que estamos esperando cual va a ser nuestro próximo destino donde meternos al agua.

 

Team buceo con DPM en Koh Tao

Como el hotel quedaba lejos del pueblo, y por ende de la escuela de buceo arrendamos dos motos scooters para movernos, y ninguno de nosotros dos había manejado una antes así que pasamos una buena vergüenza saliendo de la tienda acelerando a fondo y chantando, hasta que le agarré la mano. Por mientras los suegros se movían en su moto por la isla entera y llegaron con souvenirs para la familia, amigos y hasta el perro.

Relax total en Koh Tao

Cuando nos tocó salir de Koh Tao tomamos el ferry de vuelta bien temprano en la madrugada y quizás gracias a eso no nos tocó tan movido. Yo al menos dormí todo le trayecto hasta la ciudad de Surat Thani desde donde teníamos que volar a Chiang Mai. En general nadie recomienda confiar en los horarios del transporte en el Sudeste porque fijo te falla un bus o tren y pierdes el avión. Por eso nos dejamos como unas 4 horas de holgura en Surat Thani que aprovechamos para ir a un parque caminando con las mochilas en la espalda hasta que mi suegra colapsó en una banca y de ahí no las movimos más. Lo divertido es que caímos frente a un paseo al parque de un colegio o algo así porque habían unos 300 niños menores de 10 años haciendo un campeonato de cachipún con una canción maldita que tuve pegada en la cabeza por semanas. De hecho ahora mientras escribo me acordé de la canción y fijo hoy no me deja dormir la cagada.

EL vuelo a Chiang Mai es de casi dos horas y de ahí vimos las primeras montañas de Tailandia, que nos debiese recorrer en  las bicicletas por ahí por Mayo. Esa ciudad es un lugar donde viviría feliz. Es tan barato comer que cada cena nos pedíamos dos cosas cada uno para probar más . Un plato puede salir tan poco como un dólar, un shake o jugo de frutas desde unos 300 pesos Chilenos…era la gloria.

Al final el cansancio acumulado del viaje nos pegó un poco y tuvimos una estadía más tranquila en una ciudad que por el calor no invita tampoco a pasar todo el día en la calle. Como de Chiang Mai nos íbamos a ir a Bangkokj de vuelta en tren se acabó la restricción de no comprar muchas cosas para mis suegros porque ya no nos tocaba pasar las mochilas por aeropuertos, y la Sole se lo tomó en serio. Los mercados de Chiang Mai se pasaron. Hay un mercado nocturno tremendo que además quedaba al lado del hotel así que fuimos ahí solamente todos los días de nuestra estadía. Todos menos uno, el Domingo porque ese día fuimos al mercado de los Domingo, que era como si cerrasen todo el centro de la ciudad para que se pusieran comerciantes en la calle. Después de unas tres horas viendo los mismos productos una y otra vez yo terminé abortando misión y yéndome de vuelta. La Cami con la Sole fueron a una granja donde tenían una elefante y  pasaron una mañana dándole comida y bañándola en el río y esas cosas. Las dos llegaron bien felices y en su opinión parecía ser un lugar bastante justo con el elefante ya que no lo hacían trabajar ni lo forzaban a hacer show. Yo estaba feliz con  el solo hecho de que hayan decidido ir a ese y no al más famoso que salía como 160 dólares. El último día fuimos todos juntos a unas clases de cocina en una granja donde hicimos 5 platos típicos Thai, personalmente encuentro que  fue uno de los highlights de todo el viaje.

Cami , Sole y Papaya.

La familia en clases de cocina

Viajar en tren es una experiencia de dulce y agraz. Dulce porque lo encuentro increíble, éste tren por ser nocturno tenía un sistema de literas donde de seguro se duerme mejor que en alguno de los hoteles donde nos hemos quedado. De agraz porque es imposible no pensar que en Chile se hayan robado todo el presupuesto de un tren y luego se haya bloqueado su reposición sólo para favorecer los intereses de los concesionarios de las autopistas, es que no hace ningún sentido….

La vuelta a Bangkok sólo por una noche trajo consigo la realización de que de ahí teníamos por delante un año de viaje en bici, sin la posibilidad de volver a ver amigos ni familiares. A los dos nos dio esa sensación de melancolía y un poco de miedo que precede cualquier cambio grande en tu vida, independiente de cuanta ilusión te provoque lo que está por venir.

Dejamos a Ale y a la Sole en el aeropuerto el Jueves 23 de Febrero. Volvimos a la hostal para ciclistas en Bangkok donde pasamos dos días haciéndole arreglos a las bicis y completando parte de nuestro equipo, pues les dimos a ellos para que se llevaran a Chile todo lo que creemos que no vamos a usar durante el tiempo en el Sudeste como por ejemplo los sacos de dormir. Conversamos mucho con los demás huéspedes con experiencia viajando por la región para ayudarnos con nuestra ruta,  con eso partimos, los dos solitos nuevamente, esta vez sin rumbo fijo y sin ninguna presión, tan sólo un año para pedalear y disfrutar.

 

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