Tasmania I: Hobart a Campbell Town

Tras casi un año, volver a las bicis. Partimos de Chile de vuelta a Sydney el 18 de Enero del 2017, pasando en la ciudad sólo dos días que nos sirvieron para preparar el equipo y despedirnos de los nuevos amigos que hicimos en los meses que vivimos ahí. El 21 tomamos un vuelo a Hobart, la capital del estado-isla de Tasmania.

Si bien los días de viaje en avión con las bicis son siempre difíciles, éste se hizo más tolerable por un par de motivos. Primero, Gabriel y Kanya, nuestros amigos que nos hospedaron en Sydney, se portaron la raja ayudándonos en todo lo necesario hasta llegar al aeropuerto. En el vuelo nos tocó ir en la salida de emergencia y justo nos tocó al lado una chica Argentina súper simpática, y gracias al retraso del vuelo llegamos a Hobart al atardecer así que tuvimos tremendas vistas desde el avión.

Al llegar a Hobart nos esperaba una anfitriona de WarmShowers que se llama Deb. La había contactado desde Chile y me tincaba súper simpática, pero con eso me quedo cortísimo. Deb es una señora de 50 pero si la miras de reojo pasa por una cabra de 25. Flaca, y bien fit,  tiene además unos dreadlocks medios rubios. Ella se ofreció sin pedirle ir a buscarnos al aeropuerto así que nos evitamos el tener que armar las bicis en el aeropuerto. Además para no meterse a la carretera, descubrimos después, había que darse la MEDIA vuelta así que nos ahorramos el llegar de noche a su casa.

Cami y Deb en el Mt. Wellington vista hacia Hobart

En la casa nos ofreció comida y conversamos sobre todo de su trabajo como organizadora para la comisión Antártica de Australia. O sea, se dedica principalmente a mandar expediciones a la Antártica. A su esposo no lo pudimos conocer en parte por lo mismo, aceptó una pega casi por todo el verano en la Antártica, con la cual pretenden forrarse e irse a viajar en las bicis a Japón por un buen rato. Dato de la redacción, esa casa tiene la colección de juguetes outdoor más grande que he visto fuera de una tienda.

Al día siguiente de la llegada nos invitó a recorrer el centro de Hobart, que es precioso, y luego a subir al Mount Wellington, que es un tremendo cerro atrás de la ciudad donde se ve todo lo construido. Lo más lindo para mí sin embargo fue poder ver al océano directamente hacia el sur, sabiendo que no hay nada por esos mares hasta llegar a la misma Antártica.

 

Cuando estábamos almorzando nos tocó una mesera Chilena que lleva 4 años viviendo en la ciudad con su pololo, la cagó que Chilenos siempre hay en todos lados. Por la tarde se calmó el viento y salió el sol, así que aprovechamos con ella de salir a andar en bici y tomarnos una cervecita en preparación para el día siguiente, el día del regreso a las bicis.

Como buen comienzo de viaje, entendimos de inmediato que la habíamos cagado con la preparación. Los bolsos apenas nos cerraban, y eso que todavía no habíamos comprado nada de comida! El ciclocomputador inalámbrico que compré no lo quise instalar en Sydney y lo guardé enterito en un bolsillo, menos el magneto sin el cual es completamente inútil, así que nuestra salida a las 7:30 am se vio forzosamente retrasada a las 9 am cuando abrió la tienda de bicis más cercana. Al final como pueden ver fueron puros detalles muy salvables, pero yo todavía no aprendo a bajar la ansiedad cuando de preparaciones se trata. Me pongo tan nervioso, tan maquinal, que hago las cosas sin ver ni pensar. Pregúntenle sino a mi pijama que está colgado en el patio de Deb mientras nosotros ya estamos a más de 100 kilómetros.

Salimos al fin de la ciudad con harta excitación hasta que nos anduvimos perdiendo y terminamos saliendo por unas colinas que nos hicieron cagar, y eso que eran solo unos pocos metros y no muy inclinados. Es que lo queramos o no, cuando hacemos algo de exigencia física y lo dejamos de hacer por algún tiempo, aunque no sea muy largo, el progreso se pierde más rápido que lo que se logra. Por eso nomás es que no voy al gimnasio para ser fisicoculturista, la materia prima está. En fin, 5 kilómetros y el volver a andar en bicis cargadas nos tenía ya reventados. Afortunadamente tras pasar por el aeropuerto tuvimos unos 15 kilómetros planos pasando por unos puentes de tierra al medio de un lago. Llegamos al pueblo de Sorell cerca del mediodía y preguntamos por referencias del camino que nos tocaba y nos advirtieron que era bien montañoso. Nuestro objetivo para el primer día era el pueblo de Orford, que nominalmente quedaba a 80 kilómetros de los cuales a ese punto llevábamos recorridos 28.

En Tasmania hace frío decían. Lleven harto abrigo decían… No nos contaron del calor que puede llegar a hacer por estos lados. No sé si será la cercanía con el hoyo en la capa de ozono o qué, pero de verdad desde que salimos de Sorell  nos fundimos, estábamos transpirando por lugares que no sabía que se podía transpirar y pasándolo pésimo. La Cami empezó a pensar esos típicos auto-sabotajes de la mente tipo “Para que mierda viajo en la puta bicicleta…” en el día 1 de muchos, así que decidimos parar a almorzar y esperar que bajara el calor.

Volvimos a intentar a las 2:30…paramos a los 2 kilómetros.

Volvimos a intentar a las 4, nos salió en frente un tremendo cerro que tuvimos que caminar empujando las bicis por kilómetros. Es que simplemente no están las piernas que teníamos antes, es difícil de explicar, pero nos faltaba de todo. Al final le metimos para delante simplemente pasándolo mal, porque a pesar que acá oscurece tarde, aun así si queríamos llegar ya estábamos apretados de tiempo de luz. La gente en Tasmania es súper simpática, en cada una de las tres casas que paramos a pedir agua nos dieron y nos metieron conversa un rato, punto para Tassie.

Ya oscurecía y seguíamos en la carretera, en un putrefacto estado zombie que creo que no nos conocía, íbamos apenas hablando y a juzgar por la cara de la Cami, sufriendo más de la cuenta. Acortamos la meta de Orford a unos 9 kilómetros antes donde el camino se juntaba con un río por la promesa de poder bañarnos todo el sudor de codo y omoplato que teníamos, pero ni de eso fuimos capaz. Cuando el cuerpo dijo ya basta abrimos el primer portón sin candado que encontramos, revisamos que fuese un terreno desocupado, y nos tiramos ahí por la noche.

Yo personalmente me sentía mal mal. Bajamos los bolsos y armamos las bicis y me pongo a cocinar cuando de repente guaja…. Me pongo a vomitar como si se tratase del aftermath de mi despedida de soltero. Nunca ni en el colegio cuando pasábamos días entrenando algún deporte me pasó eso…debe ser el hoyo en la capa de ozono. Al final terminé de cocinar para quedarme viendo la comida nomás porque al primer intento el vómito vino por su segundo round. La Cami se preocupó de armar el interior de la carpa para que yo me pudiese acostar.

Así terminó nuestro primer día de nuestra actividad favorita en el mundo. Acostado con la ropa más sudada de mi vida y con ropa de abrigo encima, tiritando y tieso de piernas.

No un buen comienzo.

Día 2. El motivo por el que teníamos que llegar a Orford el día anterior es porque nuestro plan para el día era tomar un ferry y cruzar a María Island, una isla que es una reserva ecológica. Para eso hay que llegar a un pequeño pueblito llamada Triabunna que está solo a 8 kilómetros de Orborst. Afortunadamente no nos quedamos tan cortos como pensamos y el camino desde que llegó al río fue virtualmente plano. Así que ya repuesto estomacalmente (Me pude comer la cena al desayuno y aguantarla dentro) salimos y en una hora estábamos en el muelle para salir.

¿Saben lo que es un wombat? Es un animalito, pero también es la obsesión de la Cami desde que llegamos a Australia y en la primera gift shop del aeropuerto vio un peluche de Wombat. Durante el viaje que hicimos con mi prima Ale y su partner Jeoff salimos a buscar varias veces y encontramos sus guaridas y sus cacas cuadradas (en serio, google it), pero nunca logramos ver uno. La isla es famosa por su población de Wallabies, wombats y demonios de Tasmania y es por eso más que nada por lo cual cruzamos. Al llegar decidimos tomar un caminito de tierra que baja por la isla 10 kilómetros hacia una zona de campings gratuitos para pasar la noche.

Al fin la empezamos a pasar bien como antaño. El camino era precioso, nos deteníamos constantemente a ver a los wallabies que saltaban por ahí. Los wallabies para el perdido son una versión más chica e inclinada de los canguros. El camino era además decente salvo unos parches de arena donde tuvimos que empujar las bicis, y también tenía un par de piedras como la que golpeó la Cami para caerse en cámara lenta y romperse la rodilla. Además pasamos un tremendo susto porque nuestra cámara dejó de funcionar, pero parece que tiene como un modo hibernación cuando sufre shocks muy grandes porque por la tarde revivió solita.

Lo primero que hicimos al llegar fue levantar el campamento e ir a lavar ropa para poder irnos de Wombursion (Wombat excursión). Yo me puse a cocinar mientras la Cami seguía lavando y de repente aparece con unos ojitos de nerd con consola nueva diciéndome que la siguiese… ¡Wombat en el campamento! Y eso que se supone que es más factible verlos en el atardecer, acá aparentemente hay tantos que había uno ahí, al lado del edificio pastando sin siquiera inmutarse a la hora de almuerzo. Puede que la Cami haya pasado una media hora viendo a un animal pastar mientras yo cocinaba mis famosos tallarines con tomates, cebolla, pimentón y sangre…nos faltó traernos una tabla para cortar y se nota.

Wombat, osito endémico de Tasmania y amor furtivo de Camila.

Wombat de Maria Island

Después de comer y dado que el calor estaba poniéndose parecido al día anterior nos tiramos a dormir y recuperamos toda la fatiga de la noche del terror que pasamos, después salimos de excursión y alcanzamos el Edén wombático. Llegamos a un punto llamado Convict cells, esta isla sirvió de cárcel para los prisioneros más mal portados considerando que Australia ya era una cárcel en los 1800s, y todavía hay unas ruinas de las celdas. Pero nosotros estábamos ahí por la fauna y no decepcionó el lugar. Llanuras de pasto sin árboles que bajaban hasta el mar LLENAS de canguros y wallabies, y al menos unos 15 wombats caminando por ahí sin molestarse entre ellos y sin molestarse con nuestra presencia. Debemos haber pasado una hora y media simplemente admirando y sacando fotos. Al final todo el mal rato del día uno, ya estaba pagado al día dos. Lo más rico es que nos re encantamos con a mi juicio la principal gracia del andar en bici. Todo el tiempo que tienes para pensar te aclara las ideas y luego las compartimos. Durante todo el camino de vuelta fuimos hablando de qué queremos hacer, filosofando sobre cómo vamos a vivir cuando más viejos, cuantos hijos queremos tener, si adoptar o no, etc.

Tras la comida, cuando ya estaba casi del todo oscuro, vino un tremendo regalito. Estábamos sentados afuera de la carpa (Escribiendo este post de hecho) y pasa corriendo una sombra negra y chica tremenda de rápida, la Cami la apunta con la linterna que tenía a mano y ahí estaba. Absolutamente reconocible, Tazz el demonio de Tasmania corriendo por el camping. Ese hubiese sido el final perfecto para el día. EL problema es que ya acostados tuvimos que ir a ahuyentar a las zarigüeyas y quizás otros demonios que se querían comer nuestra basura y, no estoy seguro, pero me desperté y encontré un hoyito en el cubretecho de la carpa que se lo quiero atribuir a un demonio. Al menos así voy a contar la historia de ahora en adelante.

Día 3. Nos tocó rehacer el camino de tierra por la isla para tomar un ferry a las 12 PM así que nos levantamos en la playita paradisíaca de lo más tranquilos y salimos  disfrutando el pedaleo, ya no con un ojo en el camino y el otro para cualquier lado buscando animalitos, de hecho la Cami ni se cayó a la vuelta.

¿Les he contado que la Cami es pésima para orientarse? Cuando faltaban 5 minutos para que saliera el ferry y ella seguía acicalándose decidí irme al muelle desde el sitio donde estábamos en esta pequeña villa de una calle para asegurarme que nos esperaran. Llegaron las 12:00, las 12:01… partí de vuelta a buscarla y ahí venía la pobre con cara de estresada…. En la villa de una sola calle partió para el otro lado.  Afortunadamente nos dejaron subir y nos pudimos ir en la cubierta porque el clima estaba harto mejor que el día anterior, y nos llevamos este tremendo regalo:

De vuelta en Triabunna decidimos almorzar para esperar que bajase el calor porque a las 1 PM por estos lados se fríen monos, al menos en verano. La misión era completar sólo 50 kilómetros al siguiente pueblo llamado Swansea. De ahí la idea era ir al parque nacional Freycinet, que por la carretera quedaba todavía 60 kilómetros más allá de Swansea, porque hay que ir hacia el norte y luego devolverse por una bahía, básicamente 30 kilómetros.

Partimos a las 3 y si bien hacía calor, nos sentimos mucho mejor que el primer día, habían subidas pero nada que ver con las iniciales y había harta más pierna también. Impresionante cuanto se mejora sólo con dos días de viaje. El camino se alejó del mar y se hizo súper parecido a los paisajes Chilenos de la zona frutícola, así tipo sexta y séptima región. Al atardecer se puso un poco más bonito con campos enteros dorados color paja y con esa claridad que sólo se encuentra en las islas con harto viento. La única parada interesante fue a ver un Echidna que alcancé a sentir en la berma, pero es bien aburrido ver a un echidna porque apenas te sienten se hacen bolita, y ahí queda uno, bolas tristes con zoom, sacándole fotos a unas espinas peludas.

Cuando llegamos a Swansea la idea era conversar con alguien para conseguir que nos llevaran en un bote pesquero al pueblo que hay en la entrada del parque (Hacer la línea recta en vez de los 30 kms al norte y 30 kms al sur, línea verde en el mapa), pero a las 7 PM en pueblo chico de la costa Este de isla chica al sur de Australia no queda nada abierto, es como unas 00:00 horas del Domingo en ciudad grande.  Ahí nos tocó tomar la primera decisión importante respecto a la ruta de lo que sería el resto del viaje en Tasmania. En Swansea hay un camino que corta hacia el interior y se va “directo” a Devonport, nuestro destino final. El plan original que era seguir subiendo por la costa hasta tomar un camino que cruza las montañas y sale a la costa norte, y por ahí llegar al ferry se vio abatido por el camino más fácil.

Costa Este de Tasmania

Mapa costa Este

Suena a que tomamos la salida más fácil, pero con 5 días más en la isla no queríamos tener que hacer 330 kilómetros por montañas con el estrés adicional de que hay un ferry y un vuelo que tomar luego. Al final vinimos a pasarlo bien y si nos perdemos de las maravillas de la costa, que para serles honesto no tengo idea cuales eran si con suerte leí un panfleto en el aeropuerto, está bien con tal de andar tranquilo. De hecho ahora mientras escribo esto sentado en el pasto al borde de un arroyo en un parque en uno de los pueblos que hay por la ruta interior que se supone no tienen ninguna gracia , and I´m feeling gooooood.

Ya que decidimos no darle el día al parque Freycinet, salimos un poco de Swansea para acampar en un aparcadero de motorhomes que hay al borde de un río, viendo como los Bogans (Piensen en un flayte de campo votante de Trump) sacaban sus botes del río y limpiaban los pescados ahí mismo mientras remataban las últimas botellas, y se iban manejando. El sitio andaba bien, tenía la tremenda vista, pero era TAL la nube de mosquitos que andábamos abrigados hasta el cuello y con bandana con 20 grados tratando de cocinar. Al final igual pasamos una noche tranquila, y nos decidimos a pasar el día siguiente en Swansea ya que el día anterior vimos que era bonito pero no lo pescamos mucho por andar investigando.

Lo primero que hicimos fue encontrar un lugar donde pasar la noche. Encontramos un camping/Backpackers por 25 dólares ($12.500 CLP) que estaba de lujo e hicimos el check-in a las 9:30, mientras el resto de los viajeros se iban levantando y yendo. Lo más lindo de pagar por alojamiento es lo que pasa cuando llegamos:

  1. Vaciar todos los bolsos.
  2. Oler todo.
  3. Lo que no pasa el filtro tirarlo al agua.
  4. Tirarnos nosotros al agua (Ducha).
  5. Cocinar algo y comer sentado en una mesa.
  6. Buscar enchufes y conectar todos los juguetes.

Ese proceso dura como unas 2 horas. Afortunadamente Tank, el dueño de la hostal, a pesar de ser una mole de unos 200 kilos que con suerte se movía era puro amor así que no miró nuestro ritual ni con asco ni con miedo.

El 26 de Enero es el Australia day, no le llamen día de la independencia Australiana porque de verdad no es eso lo que se celebra. Es más, Australia nunca libró una batalla de la independencia y por eso sigue siendo parte de la Commonwealth y God save the queen y la bandera con el Union Jack y todo eso… Digo esto como introducción porque no se esperen un 18 de Septiembre, todo lo que había en el pueblo era un mercadito con 10 puestos y uno de ellos sirviendo Hot dogs con cebolla que es lo más Australiano que te puedes encontrar, ideal para un vegano y una chica casi no comiendo carbohidratos….

Es divertido que mencione eso porque tenemos que hacer una confesión. Ambos. En Swansea el supermercado era horrible de caro, así que nos fuimos a ver los restaurantes, que eran peores. 25 dólares una pizza para dos.  Tras pelear como 5 minutos sobre si volver a buscar cosas para comer y llevarlas a la playa nos pegamos un colapso y terminamos 3 minutos después en un fish&chips, la salida de libreto más grande de la historia para ambos. Pero bueno tampoco es religión la cosa, es una práctica.  Como por cada cosa mala siempre sale una buena, el tipo que nos atendió ahí era un cabro de Concepción que se llamaba Jorge, y que además andaba en bici, de hecho era uno de los del grupo que se fueron hasta Río de Janeiro en bici para el mundial. Conversamos un rato y bajamos a la playa a dormir una siesta de unas 3 horas para después no meternos al agua e irnos de vuelta a la hostal. Un día perfecto de relax.

En la noche cocinamos y conocimos otro Chilenos que andaba con su novia Brasileña e invitamos a Jorge un rato así que hicimos algo de vida social Chilensis, y nos acostamos tempranito porque nos tocaba despertar tempranito.

DÍA 5.

Cuando te alejas de la costa por lo general hay que subir cerros, ¡y esta vez no fue la excepción! 60 kilómetros con 30 de subida, cada vez más tolerable, pero luego en vez de bajar nos tocó seguir por un camino ondulantes de esos que se meten con tu mente. Por cada subida tienes 10 segundos de bajada y luego a subir de nuevo. Les prometo que prefiero que me digan que nos vamos derecho para arriba sin descanso (not really).

En fin, ahora con más tiempo para disfrutar nos tomamos eso como un permiso para descansar, y tras llegar a la hora de almuerzo a un pueblito que se llama Campbell Town, acá seguimos a las 7 PM en un parque solos los dos, donde pensamos pasar la noche. Para salir mañana hacia el siguiente destino.

Buenas noches.

Los invitamos a revisar nuestro paso por la Isla Norte de Nueva Zelanda en este LINK!

 

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