Recibir ayuda.

En una bitácora de viajes hay episodios que no son una aventura, pero siguen estando ahí escritos, porque son registro de una experiencia vivida. A veces no pasan una edición y se pierden sin dejar registro en el recuento final de años en la ruta. Este post es para honrar la importancia de esos momentos dentro del total de la experiencia de estar lejos de casa.

Hay concordancia entre viajeros sobre la importancia de no permanecer mucho tiempo desanclado y la necesidad humana de tener sino una casa, por lo menos  un “hub” al cual volver para poder seguir viajando. Norbert, de globotreks (Viajando a todos los países reconocidos por la ONU) ha decidido tener dos meses de descanso por cada 3 de viaje.  La importancia de esto no es sólo física y psicológica, al final lo que te pasa la cuenta es la falta emocional de poder conectar con gente por más de unas pocas horas o días. Por esta misma razón es que muchos viajeros que coinciden en la ruta permanecen juntos incluso alterando sus planes originales.

A nosotros nos tocó encontrar esa conexión en el medio del viaje por Nueva Zelanda, en un momento en que nos quedamos sin norte, pues debido al problema que tuvimos sacando la visa Working Holiday para la Cami nuestro plan de permanecer en Nueva Zelanda por un año se derrumbó. La idea de estudiar allá no resultó viable porque con las 20 horas que puedes trabajar con la visa de estudiante con suerte alcanzas a pagar el más barato de los cursos de inglés que averiguamos.

Afortunadamente justo cuando estábamos más a la deriva nos encontró el mayor golpe de suerte de nuestro tiempo viajando.

Llegamos a la ciudad de Wellington en tren, pues tras alcanzar la estación más lejana del tren urbano comienza una autopista que baja por un angosto valle, de la cual 2 ciclistas locales nos recomendaron permanecer alejados. Era mediodía y teníamos que encontrar la casa de Judy, la mamá de Louise, la mamá de la familia Kiwi que conocimos en Italia y que nos ofreció refugio al llegar a esta parte del mundo.

La ciudad de Wellington se encuentra en la punta del estrecho de Cook, el brazo de mar que separa ambas islas de Nueva Zelanda. La ciudad además está partida en dos. A causa de la cadena montañosa que atraviesa la costa, el centro está en el extremo Oeste mientras que hacia el este hay una separación de unos 8 kilómetros con el valle del río Hutt, donde reside un 50% de la población del conurbano. Allá en Lower Hutt estaba nuestro destino hacia el cual partimos pedaleando hasta topar con una pendiente enorme. La casa se encontraba en un cerro que exige a cualquier ciclista incluso sin carga. Nos dirigíamos a la casa de Judy.

Judy tiene casi 80 años, 4 hijos y 10 nietos. Es además viuda de dos maridos. ella vive sola en una casa de 3 piezas con un jardín frondoso en el medio de una quebrada húmeda que por sí solo cobra unas 10 horas de mantención semanal. La entrada a su casa la comparte con su vecina que es su hija mayor Kathy, que vive con su esposo John y sus 4 hijos de entre 23 y 15 años.

Judy enseñándonos Wellington desde las alturas.

Judy enseñándonos Wellington desde las alturas.

Si bien ser anfitrión es normal y parte de la cultura Kiwi, esta familia en particular tiene la costumbre de abrir sus puertas con gran frecuencia. De hecho estando nosotros allá los pasó a saludar otra viajera de Bélgica que había vivido con ellos unos meses antes. Nuestra primera intención era estar sólo unos días pero al derrumbarse nuestro plan nos ofrecieron quedarnos como si se tratara de primos lejanos

John, el yerno de Judy renunció a su trabajo para dedicarse a la fotografía. Lamentablemente no ha podido montar su pyme (pequeña mediana empresa en Chilean lingo)  así que nuestros días con ellos los pasó invitándonos a salir para usarnos como modelos para sus fotos. Con él fuimos a la punta de la bahía del Hutt, al Mount Victoria en el centro de Wellington y al parque nacional que se usó como fondo para recrear Rivendell en las películas del Señor de Los Anillos.

Kathy, la esposa de John, es profesora de inglés y a la vez también se encontraba armando su negocio de coaching psicológico-laboral. Fue en parte gracias a ella que decidimos irnos a Australia y terminó ayudando a la Cami en las noches con el inglés para poder rendir el TOEFL (examen de inglés que te exige Australia).

John en Rivendell, Cathy enseñándonos a hacer Sushi.

John en Rivendell, Cathy enseñándonos a hacer Sushi.

Un día mientras yo seguía buscando trabajo en Wellington que nos permitiera quedarnos a vivir ahí , John me invitó a tomar once a la casa de una pareja de amigos de ellos originarios de Sudafrica, los Jewell. Cuando les contamos nuestros planes frustrados de quedarnos Tyronne, el padre de familia nos  preguntó:

-Ty: Ahora que van a hacer?

Yo: Queremos ir a la isla sur, pero si nos vamos en las bicis nos vamos a echar un mes y de ahi se le acaba la visa a la Cami y nos quedamos sin plan B, tendríamos que irnos a Chile o algo así.

Ty: Por qué no arriendan un auto?

Yo: Bueno, porque somos paaaaaaaaaabres (Not true, pero arrendar autos si está fuera de nuestro presupuesto).

Ty: Por qué no hacemos algo? MIentras nosotros vemos si podemos ayudarte a ti Matías a encontrar un trabajo por qué no esperan hasta el Viernes, que es mi último día en la compañía, y de ahí se llevan mi auto que lo uso para puro ir a la estación de trenes y ahora ni para eso lo voy a necesitar.

Yo: ……..

Cami: …..snif..

Yo: Como dice que dijo?

Ty: No le pongan color. Yo tengo un auto que no uso, ustedes necesitan ayuda, yo recibí ayuda cuando llegué acá al país y me corresponde pasarla. Así pueden conocer la isla sur y volver para acá con tiempo para un plan B.

Cami: …Snif snif….

Yo: NO, no podríamos aceptar es demasiado (Por qué mierda es que cuando nos desenvolvemos en una sociedad donde no existe la ayuda desinteresada se nos hace difícil aceptarla, NO HAY NADA MÁS FÁCIL QUE ACEPTAR AYUDA)

Bueno, 10 minutos de convencimiento después aceptamos la oferta de una pareja que no conocíamos de llevarnos su auto en el ferry para viajar por 12 días, lo que nos permitió a la larga preparar el TOEFL y volver a Wellington con tiempo suficiente para completar nuestra postulación a Australia. Todavía me pregunto si yo le pasaría mi auto por mucho que no lo use a alguien que está acotumbrado a manejar por el otro lado de la calle.

El auto prestado en el parque nacional Fiordlands.El auto prestado en el parque nacional Fiordlands.

Al final lo de encontrar trabajo en Wellington se pudrió pero pudimos ir a trabajar a la temporada de cerezas en la isla sur gracias también a Judy que nos ayudó con la postulación a la visa de temporera para la Cami. En esas semanas que pasamos de vuelta con la familia Sheppard-Gibb vivimos una Navidad en familia y un año nuevo con amigos. El remedio perfecto para no dejar que la melancolía nos atrapase.

Con Cathy y John celebrando año nuevo

Con Cathy y John celebrando año nuevo

En resumen, gracias a conocer a una pareja en Italia  que nos presentó a su mami pudimos volver a  vivir como en familia por un mes con abuelita, primos chicos y todo, y además pudimos viajar por uno de los lugares más lindos del mundo, en un auto prestado por una pareja que no conocíamos y en vez de tener que devolvernos a Chile con la cola entre las piernas  podemos extender nuestro viaje por años, gracias a qué? A gente buena dispuesta a ayudar a gente buena.

Por supuesto que esta historia nunca va a llegar a un diario ni se va a viralizar, pero por cada turist que fue asesinado, estafado, secuestrado, etc que se ven en los diarios hay miles de anécdotas como ésta. Dicen que viajar hace mal para los prejuicios y los miedos, pero basta con abrir un poco los ojos en tu propio entorno y decir, “Mi gente o la gente que yo conozco es en general buena. La gente con la que me relaciono de otros lados y otros trasfondos es en general buena. Sería muy muy raro que la proporción se invirtiera sólo por la ubicación o la cultura en otros lados del mundo”.

Para cerrar hago una vez más el llamado a dejar de vivir acorde al miedo que nos inunda el internet, los diarios, la tele y abrir un poco nuestros espacios. Métanse a couchsufing, métanse a Warmshowers. Inviten gente que ya vive en sus ciudades a conocer su casa y les aseguro que las probabilidades están a favor de que de eso salga algo bueno. Viajar empieza por ahí.

 

La Cami en la cima del Mount Victoria en Wellington donde nos llevó John. Les comenté que a Wellington la conocen como la ciudad de los vientos?

 

 

Comentarios

comments