Marlborough Sounds y Abel Tasman National Park

La isla sur la viajamos en un auto. La historia de cómo y por qué viajamos en auto es parte de este post, así que vamos de lleno a lo nuestro, que es el viaje en sí.

Para llegar desde Wellington en la isla norte hasta el extremo norte de la isla sur es necesario tomar un Ferry. Hay dos empresas que hacen el viaje, una se llama Interislander y la otra Bluebridge, que fue la que tomamos nosotros.

 

El viaje demora tres horas de puerto a puerto, los barcos son cómodos y si lo deseas te puedes ir viendo una película o comiendo algo de una cafetería. Sin embargo la última media hora es simplemente espectacular. En NZ se usa la palabra “Sound” para definir los estrechos, o brazos de mar que entran a la tierra, y la geografía del extremo norte de la isla sur es un gran caos formado entre el mar, la tierra e islas llamado Marlborough Sounds. Durante esa media hora de viaje vale la pena salir a la cubierta y soportar el frío y simplemente ver los bosques en los cerros y los colores reflejados en el mar mientras el barco se adentra más y más hacia la tierra en busca del pueblo-puerto de Picton.

Al terminar el recorrido esperamos pacientemente nuestro turno para bajar del barco en el auto, y al llegar a éste fuimos a buscar un lugar donde almorzar al aire libre. Tras 5 dias de invierno desatado en Wellington salió el sol mientras cruzamos y con shorts y camisetas cortas nos dispusimos a comenzar nuestro viaje por la isla sur.

Ferry del estrecho de Cook.

           Ferry del estrecho de Cook.

 

En la isla sur de Nueva Zelanda viven solamente alrededor de 800.000 personas en todo el territorio. Por lo mismo hay que ser mucho mas precavido con las provisiones. Puede que en el mapa salga un pueblo, pero al llegar te das cuenta que solo es una intersección de dos calles con 10 casas y ninguna tienda donde comprar comida (Como ese pueblito que anda ofreciendo alojamiento gratuito para que lo vayan a poblar). Otro detalle a saber de la isla sur, aunque no sea muy diferente en la isla norte, es que el clima es totalmente impredecible. Los locales dicen que pueden tener las 4 estaciones en el mismo día, y es totalmente cierto.

A nosotros nos tocaron días de despertar al sol, sufrir del viento frio al mediodía que traen un par de nubes grises, lluvia torrencial durante minutos o un par de horas y luego un lindo y primaveral atardecer. Un país loco. Lindo y loco.

Tras comprar lo que necesitaríamos del supermercado local y comer fish and chips de almuerzo, salimos conduciendo por el Queen Charlotte Drive. Éste va desde Picton al oeste siguiendo el contorno de los cerros y regalando siempre hermosas vistas del mismo brazo de mar que surca el ferry y con tierra al frente como si de un lago se tratara. Como la tarde estaba saliendo tan tan bien, con la Cami tomamos la decisión de buscar un lindo lugar con playa donde pasar el resto del día. No todos los días se viaja del invierno al verano junto al mar.

Encontramos un camping del DOC (Department of conservation) en el mapa, de los más baratos y con orilla de mar en el único camino grande que se interna por los brazos de tierra hacia el norte. Nos extrañó que el folleto dijese que era sólo para cuatro carpas, pero al estar retirado del camino principal de los turistas, y por ser temprano, partimos sin mucha preocupación. El lugar se llama Moetapu Bay. No hay nada ahí, ni siquiera un estacionamiento. Debimos dejar el auto en  el costado del camino y bajar una ladera cargando nuestras cosas. La recompensa? Un paño de pasto que se interna hacia un pequeño istmo, con playa de arena hacia los dos costados. Un WC de long drop (entiéndase un hoyo grande con un WC encima), una llave de agua y dos mesas de camping. Un lugar seguro y resguardado donde acampar, y todo para nosotros solos.

Nuestro campamento en Mohetapu Bay

Nuestro campamento en Mohetapu Bay

Armamos la carpa, nos pusimos trajes de baño y yo me fui a nadar mientras la Cami estudiaba un poco de inglés. Nuestro paso por Wellington nos dejó con muchas dudas, porque como la opción de quedarnos ahí  a vivir se derrumbaba frente a nosotros, empezamos a evaluar cómo sería irnos a Australia. Estábamos conversando sobre eso metidos en el agua, y haciendo cálculos a grandes rasgos cuando de repente veo una sombra pequeña bajo el agua acercándose a nosotros…

Cometí el gran error de decir “Cami, no te muevas”.

Ella se gira.

La cruza entre Usain Bolt y la mejor garrochista Rusa no podría haber saltado fuera del agua y cubierto los 20 metros que nos separaban de la orilla en menos tiempo. Debo reconocer que a mi igual me dio miedo, pero sin dudas por el ancho se trataba de una mantarraya pequeña, que ante la dimensión y la agilidad de ese ser desconocido e invasor debe haber salido nadando el doble de cagada de susto que la pobre Cami.

Todos mis esfuerzos por hacer que Cami supere su miedo al mar, las algas y las rocas submarinas (?) a la basura.

Salvo esa anécdota, nuestra estadía en ese lugar fue tranquila y agradable, como un fin de semana de relajo. Al atardecer llegaron unos chicos a pescar y yo los acompañé por un largo rato. No pescaron nada pero me contaron que la región está llena de cerdos salvajes así que si no pescan se van a cazar con sus perros. A la mañana siguiente salí a nadar, desayunamos y empacamos y seguimos nuestro viaje. El auto, que quedó a unos cientos de metros descuidado y con cosas visibles desde afuera, no le pasó nada durante la noche. Ese tipo de cosas por aquí simplemente no pasan.

Nuestro objetivo para el segundo día era llegar a la ciudad de Motueka, donde vivía una amiga de Antofagasta y que nos invito a su casa porque había ahí una celebración del día de la cerveza Kiwi, o algo así (Después descubrí que llaman el Keg Day, y que se originó por una publicidad, para variar).

Pasamos por la ciudad de Nelson, que es la segunda mas grande de la isla sur. Nelson se encuentra en un lugar donde el mar pega sin resguardo de bahías ni nada, y por ende está muy afecta a las mareas. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de territorio tan al sur como el sur de Chiloé. Lamentablemente cuando llegamos había marea baja por ende la ciudad parecía instalada sobre un barrial. El viento que salió tampoco ayudó mucho. La buena noticia: Encontramos 4 paltas por dos dólares así que nos fuimos felices a almorzar a un parquecito junto a un río donde se nos junto una multitud de patos y gaviotas. Yo nunca les quiero dar nada para que se vayan pero la Cami siempre sucumbe.

Si no encontramos un lugar donde vivir rápido creo que vamos a terminar viajando con mascota.

Motueka es un pueblo bien chico y claramente agrícola. Tiene una calle principal con todo lo necesario, y el resto son casas, luego a las afueras hay orchards (Huertos de árboles frutales) y una planta procesadora de pescado. Pasamos la tarde en la casa donde vivía la Tamu y conocimos un par de Chilenas y Argentinos que andaban también con Working Holiday, pero de verdad en planes bien distintos a los nuestros (Trabajar todo lo que se pueda, gastar lo menos posible, arrancarse a carretear al sudeste Asiático un año después).

Como tenían una fiesta grande no nos pudimos quedar a dormir en su casa y terminamos durmiendo en el auto en uno de esos campgrounds para vehículos autocontenidos, lo cual es técnicamente ilegal porque nuestro auto de autocontenido, nada de nada. Sin embargo nadie nos vino a molestar por la noche y en la mañana fuimos los primeros en salir de ahí porque teníamos tremendos planes.

El parque nacional Abel Tasman es uno de los lugares favoritos de los Kiwis en su país. La joya de la corona del sistema de parques nacionales es un bosque montañoso y costero, cuyos principales atractivos son el sendero que lo cruza de punta a punta, y las playas de arena dorada que hay en toda su longitud. La manera favorita de recorrer el parque es tomarse tres días para caminar desde la entrada sur hasta el extremo norte.

Lamentablemente nosotros decidimos que no teníamos el tiempo ni el equipamiento para hacer un trekking tan largo, así que nos fuimos por una alternativa un poco más cara pero más entretenida, lo hicimos en Kayak.

Nuestra bicicleta marina.

                             Nuestra bicicleta marina.

El valor más importante para poder viajar largo tiempo es ser austero, lo cual puede ser una lata porque todas las decisiones hay que supeditarlas al costo que tengan sus alternativas. Si bien en este caso pagamos por un arriendo caro, sabíamos que valdría la pena porque aparte de poder seguir toda la costa, podríamos recorrer las islas y colonias de lobos marinos que no se pueden ver desde el sendero. Sin embargo, como el lado tacaño de Matías es omnipresente decidimos arrendar sólo por una noche, lo que nos forzaba a llegar a cierto punto y luego volver sin poder recorrer todo el parque. Existe para quienes estén interesados la alternativa de hacer dos días en la misma dirección y que luego una lancha,  o Water taxi, te recoja y te lleve de vuelta a la entrada sin embargo no es nada barato.

Con todo nuestro equipo de camping, más comida y un mapa del parque partimos remando hacia la punta de la bahía que no parecía estar tan lejos.

Error.

Primera cosa que hay que saber de los viajes por mar, lo vasto del océano hace que las distancias se vean menores a lo que son. Nos demoramos más de una hora en llegar al primer recodo de la costa y ya estábamos RAJA. En muchas maneras viajar en kayak y viajar en bici son similares:

1) Al principio te cansas, pero luego los músculos se activan y puedes seguir sin mayor cansancio.

2) Vas maldiciendo lo pesado que te hace tu equipaje y te preguntas constantemente que puedes botar a la basura.

3) El viento es un hijo de las mil putas.

La principal diferencia es que en el kayak si no te agitas no te mueves, nunca tienes una bajada para descansar. A pesar de que sonar como que me estoy quejando, las primeras horas y las visitas a las islas (que no tenían lobos) lo pasamos excelente como demuestran estas fotos

Abel Tasman IslandAbel Tasman Kayak 2

Después comenzaron los verdaderos problemas.

De toda la costa del parque hay un punto en particular que está más expuesto al viento llamado sádicamente “The dead mile”. Al medio de este sector hay una playa donde se puede acampar pero que no formaba parte de nuestros planes, el primer día teníamos que llegar a un camping unos 5 kilómetros más adelante.

Sin embargo como le suele pasar al equipo de Rumbosimple desde que llegó a Nueva Zelanda, el viento comenzó a soplar en el peor momento y llegó al punto en que remando con todas nuestras fuerzas apenas nos podíamos mover. Hicimos lo que nos recomendó hacer el guía y nos fuimos a almorzar a la playita esperando que bajara el viento.

Segundo error.

A esta altura ya deberíamos saber que el viento por lo general no baja en la tarde. Sin embargo salimos de vuelta al mar para no quedar con gusto a poco. Las olas nos movían MUCHO, a los 200 metros nos convencimos que era muy peligroso seguir así que nos resignamos a acampar en esa misma playita.  Lo penca es que es súper difícil salir del mar en kayak cuando hay olas. Seguro que si me dieran un kayak por todo un día aprenderíamos a hacerlo pero en ese momento nos volcamos a 3 metros de la orilla. Acto seguido, se pone a llover.

Empapados, corremos arrastrando el kayak playa arriba para que la marea no se lo lleve durante la noche. Está demasiado pesado. Abro uno de los compartimientos hidrosellados del kayak y encuentro mi alforja y mis zapatillas flotando en agua de mar.

 

Está lloviendo, estoy empapado, no tengo ropa seca.

 

Afortunadamente la carpa y las cosas de camping estaban en el compartimiento que sí resistió. Armamos la carpa y nos echamos a descansar un rato. Nos secamos y la Cami me presta una polera fucsia y enana, que me hace ver como un travesti no resignado a ser gordo. No importa, estoy tiritando del frío y me duelen los brazos de tanto remar. Nos quedamos dormidos sin ni siquiera inflar las colchonetas.

Playa refugio. NO hay fotos con la ropa de la Cami, no insista.

Playa refugio. No hay fotos con la ropa de la Cami, no insista.

Cuando despertamos está oscureciendo y hay más gente acampando por ahí, voy al baño caminando de lo más normal ignorando las miradas por mi encantador look.

Decidimos que como seguía lloviendo, íbamos a comer y volver a dormir para poder estar al día siguiente lo más temprano posible remando de nuevo.

ÉXITO!

Nos despertamos a las 6 y a las 6:30 vemos el sol salir desde el kayak, los pájaros nos sobrevuelan y se tiran al mar pescando su desayuno. Es de los mejores amaneceres de todo el viaje.

Tenemos que devolver el kayak a las 3 de la tarde así que decidimos avanzar en la dirección en la que íbamos para llegar por lo menos al punto donde debiésemos haber acampado antes de comenzar a devolvernos. Llegamos a una playa hermosa donde está uno de los camping más grandes del parque y que tiene una laguna con su entrada de agua desde el mar. Tomamos desayuno y conversamos con una pareja Chileno-Española y caminamos un segmento del sendero. Era tan lindo que me dejó con el bicho por volver y hacer el parque entero caminando.

Punto de descanso en la desembocadura de un río.

Punto de descanso en la desembocadura de un río.

Salimos de vuelta a las 11 am. A las 1 estábamos  de vuelta en la primera playa, desde donde la línea recta hacia  el muelle de llegada te aleja de la costa unos 3 kilómetros.

Sale de nuevo el viento.

Estamos a la chucha de tierra firme remando de frente contra las olas para no correr el riesgo de volcarnos. Avanzamos más lento que caminando y nos quedan todavía 5 kilómetros para llegar. La Cami me empieza a preguntar si no es mejor devolvernos con el viento a favor y que nos vaya a buscar el wáter taxi (Y gastarnos unos 100 dólares adicionales por ese viajecito). Nos decidimos a seguir remando y pasamos una hora y media apenas hablándonos para guardar energías y remando y remando. Llegamos a la orilla hechos mierda, la marea está tan baja que hay 300 metros que caminar por la arena en comparación con el lugar desde el que partimos remando el día anterior. Deambulamos como zombies hacia el muelle donde nos ve el tipo de la agencia y baja en la camioneta a buscar el kayak, nos subimos a la camioneta y casi nos quedamos dormidos. Nos felicita por el esfuerzo insinuando que fuimos un poco irresponsables. A todos los demás los van a tener que ir a buscar en la lancha.

Perdedores.

Almorzamos y salimos manejando de Marahau hacia el sur y entramos a la región conocida como West coast de la isla, que abarca desde la costa Oeste (DAAA!!) hasta las montañas de los South Alps. Pasamos la noche en un camping precioso a la orilla del río donde tras pelear con el dependiente nos pudimos dar una ducha caliente. Cocinamos una cena y nos quedamos viendo las estrellas un rato.

Al final todo el paseo en Kayak fue una experiencia que nos encantó…para hacer una vez por año máximo.

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