Viajando por la Isla Norte de Nueva Zelanda

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Estamos prontos a cumplir dos meses desde que llegamos a Nueva Zelanda. A pesar de haber vivido 6 meses en California, creo nunca antes haber tenido la oportunidad de llegar a conocer un país, y una sociedad, tan bien como hemos podido conocer a los Kiwis. Que suerte, porque me cuesta imaginar un mejor país que éste. Comenzaré a tratar de explicarme en las siguientes entradas del blog.

El viaje desde Italia a Nueva Zelanda nos dejó en pésimas condiciones. 31 horas desde que el avión despegó, pero ya traíamos mucho más andar desde Roma (Revisar este post). Primero hicimos un vuelo directo desde Roma hasta Singapur, que duró aproximadamente 13 horas. En el aeropuerto de Singapur estuvimos dos horas y media. No hubo tiempo de ver ni los duty free porque preferimos dormir con las piernas estiradas un rato. Luego de nuevo a abordar un avión para un vuelo de 6 horas que nos llevó a Perth, Australia. Ahí sí que nos tocó esperar un buen rato. Fueron otras  cinco horas y media de escala en un aeropuerto tan pero tan caro, que almorzamos un sándwich y un café para los dos.
Tras tanto vuelo uno esperaría  estar llegando a destino, pero Nueva Zelanda queda REALMENTE lejos de todo, faltaba otro vuelo de más de seis horas desde Perth a Auckland. Esto pues nos encontrábamos en la costa Oeste, así que tuvimos que volar por sobre todo Australia y el mar de Tasmania para finalmente llegar, el Martes 3 de Noviembre a las 07:00am a Auckland, Nueva Zelanda.
Este aeropuerto fue el primero en que nos tocó llegar en el cual las plagas y epidemias son un tema serio. De hecho tuvimos que declarar nuestra carpa y nuestros cubrepisos, los que pasaron a un laboratorio para asegurarse que no traíamos  ningún organismo que pudiese hacerle mal al frágil medio ambiente Kiwi. Lo único bueno de todo eso fue que en el intertanto conocimos a un par de chicos de Irlanda que también venían a viajar en bici tras cruzar Canadá de costa a costa.  Nueva Zelanda es famoso por ser muy hospitalario y ofrecer un gran servicio en general, pero no por eso dejó de extrañarme que en el mismo aeropuerto hubiese una zona especialmente destinada para que los ciclistas pudiesen ensamblar sus chanchitas queridas. “Esto se viene bueno” pensé de inmediato.
En uno de los muchos libros sobre cicloturistas que leí previo a venir, el autor se deshizo en elogios por páginas y páginas sobre lo bueno de la infraestructura para  viajar del país y aquí tenemos la primera evidencia. Ok, entonces ya les he contado que por aquí o por allá nos alojamos con gente de la red de hospitalidad entre ciclistas llamada Warmshowers.org, la verdad es que durante todo nuestro periplo por Europa nos resultó sumamente difícil encontrar gente que nos alojara. Yo diría que en promedio por cada persona que nos recibió mandamos por lo menos 5 invitaciones de las cuales ni siquiera tuvimos una respuesta. Antes de salir rumbo a Nueva Zelanda mandamos tres invitaciones a gente de Auckland con la intención de pasar el jetlag en la casa de alguien antes de partir en las bicis. De las tres que mandamos recibimos dos respuestas positivas y la tercera fue un:
– “Ese día no puedo, pueden por favor venir al día siguiente? Sorry”.

Es bueno salir de un aeropuerto sabiendo que alguien te va a estar esperando. Es malo abrir la caja de tu bici para descubrir que tu horquilla delantera está totalmente torcida y que la rueda no va a entrar. Pensamos un montón de rato sobre si valía la pena dejar un reclamo en la aerolínea pero nos la jugamos porque el arreglo fuese lo suficientemente barato como para que no valiese la pena todo el papeleo que el reclamo hubiese significado.
Partimos hacia una tienda cerca del aeropuerto donde no nos pudieron ayudar pero nos mandaron a la tienda de un ex trabajador de ahí que tiene la herramienta necesaria para el trabajo a una buena distancia en el tren. Tomamos el tren y…sorpresa! Las bicicletas tienen trato preferencial en él, hay corridas de asientos que se retraen para dejarle espacio a las bicis y así permitir que la gente las lleve por ejemplo de su barrio al centro y por ahí se pueda mover pedaleando. Nuevamente sentí que estábamos en el lugar correcto.
Llegamos a la tienda donde nos pudieron arreglar el problema rápido y por solo 15 dólares Neozelandeses ( 1 NZD = 480 CLP o Chilean Peso) y partimos a nuestro lugar de encuentro con Bárbara, nuestra anfitriona. Al recogernos se encontraba con su hijo Samuele, al quien le habla en Italiano, pues ella es Italiana y quiere que su hijo no pierda la lengua y se pueda comunicar con su familia sin problemas. Así, el niño que tiene 4 años ya habla 2 idiomas. Cuando tenga un hijo voy a hacer lo posible por educarlo en el inglés para no tener que estar amarrado a pagar por un costoso colegio privado para que lo aprenda, prefiero yo ser participe activo de su educación en vez de subcontrarla.
La casa de Bárbara y su familia se encuentra en un suburbio al este de Auckland llamado Swanson, un tanto lejos del centro pero muy muy lindo. En la casa tienen arboles gigantes, quizás de cientos de años, y un par de cabras, perros y como 3 bicis por cada miembro de la familia. La rutera, la MTB y la para los viajes, el mínimo aceptable para quien se aprecie como ciclista. Al segundo día, una vez ya más recuperados del jetlag, salimos a pasear en las bicis y encontramos TODO lindo. A donde mirásemos habían colinas de verde pasto con animales, era como estar en el campo todavía dentro de la ciudad. Tomamos un sendero que cruza un parque lleno de corrales de caballos, canchas de rugby y hasta una laguna. Además en las casas de los alrededores los jardines tenían cabras, ovejas y hasta ponys. No la típica vista de un suburbio que podría ser el equivalente a Colina, no? Eso fue camino a un mall porque tenia que comprarme por lo menos una camiseta adicional, las tres que llevo son suficiente si pasas el día pedaleando pero en situaciones más urbanas se hacen poco. Al final me compré dos talla XS!! Esta gente es grande …
Aprovechamos los días donde Barbara para descansar y aprender un poco del acento kiwi. Nos divertimos viendo como cortaban un pino gigante que les tapaba el sol a la terraza, colgados de arneses de montañas con unas súper motosierras. Acá en NZ hay unos pequeños mamíferos a los cuales les llaman Possums , aun no estoy seguro si corresponden a zarigüeyas o comadrejas, el punto es que son una plaga terrible porque son introducidas desde Australia y se comen toda la fauna así que las cazan como locos a  las pobres. Arriba del árbol que estaban cortando vimos a las primeras vivas. Nada hacia presagiar la cantidad de possums muertas que veríamos en el borde del camino en los días siguientes.

Auckland Park Victoria

Auckland Park Victoria

Al tercer día nos salió panorama. Los All Blacks, recientes campeones en el mundial de Rugby de Inglaterra, llegaban a Auckland ese día y hubo una recepción en el Victoria Park, en pleno centro de Auckland. Fuimos y los vimos, cantó además un trio de tenores bien famoso de acá llamado  Sole Mio, así que la pasamos súper bien. Nos dimos cuenta durante el paseo que el país es bien caro para algunas cosas como la comida. Una comida en un restaurant difícilmente va a bajar de los 20 dólares , de vuelta a los sanguchitos de almuerzo los chicos de Rumbosimple.
Tras tres días en la casa de Bárbara decidimos que queríamos seguir descansando así que contactamos a la otra persona que nos había aceptado y partimos a su casa. Se trataba de una pareja mayor que vivía en una ubicación más cercana al centro de Auckland, así que pedaleamos la distancia a su casa. Helen y Richard superan ambos los 70 años, tras vender su empresa y jubilar se dieron cuenta de que si no conseguían una actividad que hacer se iban a volver locos (touché), y se consiguieron un trabajo como conductores de taxis al aeropuerto. Por lo mismo, les tocaba de repente trabajar por la madrugada y llevar en general una vida medio desordenada en cuanto a horarios. Su casa era una linda casita de abuelitos de madera blanca bien limpia y su jardín de rosas perfectamente mantenidas.
Tras dos días ahí, en que entre otras cosas visitamos el Mount Eden, un volcán en el medio de la ciudad que tiene una tremenda vista panorámica, llegó el Domingo 8 de Noviembre y nuestra partida de Auckland. Salimos por la siempre ondulante región hacia el este siguiendo la costa hacia la bahía de Coromandel en un lindo y caluroso día lo cual, conociendo la reputación del clima de esta tierra, nos alivió bastante.
Lo primero que nos llamó la atención del countryside kiwi fue la fauna, no alcanzamos a alejarnos una hora de la ciudad y ya todo era granja de vacas, ovejas y cabras. La variedad de pájaros es impresionante, más las possums muertas en el camino. En un campo en particular me quede viendo que tipo de pájaros habían y resultó que eran pavos, pavos salvajes! Y en un país de cazadores! Aun no entiendo porque no fueron pasados por plomo antes, supongo que acá simplemente se respetan cuotas o cosas así.
Al final del día llegamos a acampar al Tapapakanga National Park. Ahí reservamos un sitio de camping por teléfono que nos salió 30 dólares por los dos, lo cual me pareció caro, pero al llegar allá descubrimos que salvo un baño con letrina y ducha fría no tenía ninguna comodidad! Igual no nos podemos quejar mucho, estábamos en una colina con vista al mar y a la bahía de Coromandel tras el agua al atardecer. Conejos saltaban cerca de nuestra carpa y el agua estaba rica como para bañarse, no valía la pena calentarse por un par de pesos más o menos.
Mientras preparábamos nuestra cena se nos acercó un señor de una campervan a contarnos sobre la zona, recomendarnos lugares que ver y averiguar sobre nuestro viaje. A pesar de haber tenido la misma conversación un montón de veces nunca me va a aburrir cuando la simpatía e interés de la otra persona es genuino.

Camping con mar
El día siguiente tomamos la costa y dejamos atrás las subidas y bajadas cortas que nos traían a mal traer, pero con ello también el camino se hizo harto más aburrido. Probamos nuestra primera especialidad local, el helado de HokyPoky, cerca del pueblo de Miranda, famoso por sus piscinas de aguas termales. Decidimos no pasar porque viendo en google los principales atractivos de la isla norte nos dimos cuenta que tendríamos muchas más oportunidades de darnos un baño, incluso algunos gratis, más adelante en el camino.
En este camino vimos por primera vez algo sencillamente impresionante de esta sociedad, una honesty box. La gente de las granjas al lado del camino deja sus productos en un buzón en la calle, con una etiqueta para mostrar el precio, y luego una alcancía donde pagar. Que impide que les roben todos los productos sin pagar un peso? Nada. Simplemente así funciona la sociedad, en base a la honestidad, en vez de llevarse 5 docenas de huevos de campo cada persona que los quiera mete sus 6 o 7 dólares y ya está. Si no funcionara el sistema ya lo habrían dejado de usar. Que envidia , no?
A la hora de almuerzo llegamos al pueblo de Thames, donde teníamos que decidir si tomar hacia el norte para dar la vuelta larga alrededor de la bahía, o tomar un camino al este que la cortase por el medio del parque nacional. Paramos por un momento en la oficina de informaciones del pueblo donde nos dieron 45 mapas, pero no nos pudieron ayudar con respecto a lo que queríamos saber. En Nueva Zelanda cada pueblo tiene un centro de informaciones llamados i-sites, son lugares maravillosos donde puedes reservar cualquier alojamiento o actividad en las cercanías, Lamentablemente como son financiados por las misma empresas cuyos productos venden no se encuentra mucha ayuda para quién compra comida en el supermercado, duerme acampando gratis y no paga tickets por nada.
Al final nos fuimos cortando el parque nacional porque me pareció que el desvío hacia el norte de 2 o 3 días era demasiado. Nunca sabremos si fue un error o no, lo cierto es que es una zona hermosa y no me molestaría haberla conocida entera. El camino que tomamos atravesaba un cordón montañoso, por lo que sabíamos de antemano que nos tocaría escalar un poco. Eran las 4 de la tarde cuando partimos y esperábamos llegar a un camping a unos 40 kilómetros de distancia. Fuimos por entre bosques de pinos, ríos y un poco de bosque nativo (Native Bush le llaman aquí). Luego se puso duro. Nuestra velocidad cayó a unos 8 kilómetros por hora, eso es malo, y la luz empezó a apagarse. Según mis cálculos no alcanzaríamos a llegar al camping pues no nos gusta estar en la carretera a oscuras, especialmente sin la luz trasera que perdimos en Mónaco y nunca repusimos.  Lo que sí esperaba era poder bajar de la montaña pues con mayor altura siempre hay menor temperatura, pero hasta eso se mostraba difícil de lograr. Comenzamos a buscar puntos en la ruta limpios de bosque donde poner la carpa sin vistos pero para nuestra desgracia en todos dichos lugares estaba lleno de colmenas de abejas! Al parecer es una industria grande la de la miel en Coromandel, y teniendo tanto árbol en los cerros usan cada pedazo de plano para poner sus colmenas. Estábamos obligados entonces a seguir hasta poder bajar, lo que llegó solo alrededor de las 8 de la noche. Llegamos hasta el río al fondo de un valle para poder dormir y para nuestra fortuna había un camino de tierra libre de abejas, así que sin mucha pompa ni circunstancia tiramos la carpa al medio del camino y nos pusimos a cocinar.
Pasamos una buena noche a pesar del sudor de la subida y las plantitas que pinchaban al borde de la carpa, el problema que tuvimos fue que el camping al que íbamos se encontraba en una reserva forestal al borde de un río, entonces teníamos que decidir si tomar el desvío de 7 kilómetros hacia éste por un camino de ripio, o simplemente seguir hacia la playa.  La mayor lección que me llevo de todo este año viajando  es a aprender a disfrutar sin prisa las cosas efímeras, capacidad que me fue sustraída en algún momento en la universidad y que recién ahora recupero un poco. Nos fuimos al camping y nos quedamos ahí todo el día como si nadie nos persiguiera ni nadie nos esperase.
Al llegar al camping de Broken Hills nos encontramos con un campo de pasto y flores, al borde del río en un perfecto día soleado , y sólo para nosotros. Era mejor incluso de lo que suena. Instalamos nuestras cosas y nos fuimos a bañar al río, en pelotas como corresponde cuando estás solo sin nadie cerca, y nos devolvimos solo cuando sentimos un auto aproximándose.

Ahora quiero hacer un paréntesis para hablar de estos campings del Department of conservation, o DOC, o la Conaf de Nueva Zelanda. Hay más de 215 a lo largo del país en zonas protegidas, por ende bien lindas. Hay algunos que solo tienen un baño con pozo séptico, o long-drops como les llaman acá lo cual es bastante chistoso, y valen 6 NZD. Otros tienen sus duchas, mesas, cocinas y pueden valer hasta 14 NZD (7 lucas). Lo más notable del caso es que nunca nos tocó uno que tuviese la infraestructura rota, rayada o mal mantenida. Nunca nos tocó tampoco por ejemplo no encontrar papel higiénico en los baños, aunque estuviésemos a más de 20 kilómetros del pueblo más cercano.

Durante ese día no hicimos mucho más que descansar. Nos hicimos un almuerzo rápido y salimos a un trekking que subía un cerro hacia una antigua mina de oro del siglo 19. Lo mejor de este camino era un túnel de unos 200 metros de largo que usaban para transportar el mineral sobre rieles, y que ahora es hogar del Arachnocampa luminosa, o gusanos halógenos que brillan en la oscuridad. Para mí esta parte del paseo tuvo un valor especial considerando que durante una parte importante de mi vida (últimos años en la U) reciente fui claustrofóbico, meterme a un hoyo negro en el cual por largo pasaje o se ve la salida de ninguno de los dos lados y salir sin apenas acelerarme cardiacamente, lo considero mi graduación. No significa que te puedas poner a saltar en el elevador conmigo presente, idiota.
A la mañana siguiente nos levantamos con un hermoso sol. Un baño en el río y nuevamente a la carretera entre los pavos y conejos salvajes. Nuestro objetivo era uno que no espera; en esta región hay una playa que se recoge cientos de metros con las mareas, y al bajar deja al descubierto un punto en el cual si excavas un poco encontrarás aguas termales. Los turistas son recibidos con una pala para poder hacer su hoyito y quedarse ahí, literalmente en una terma con vista al mar. El único problema que teníamos era que en dos horas teníamos que hacer un cerro enorme para llegar mientras la marea aun estuviera baja. Le pusimos todo de nosotros para llegar media hora tarde respecto a la hora que nos habían dicho, solo para descubrir que estábamos una hora antes de la bajada de la marea, un golpe de suerte al menos.
Nos bañamos junto con otra pila de turistas alemanes y asiáticos haciéndole el quite al agua hirviendo y tratando de encontrar el punto del cauce del agua en que no estuviese ni muy caliente ni muy frio lo que es todo un malabar.
Luego de esa entretenida experiencia partimos todavía más al norte por la costa Este de la península hacia la playa de Cathedral Cove, la primera playa de arenas doradas que encontramos y la aprovechamos. Nos bañamos en el agua hasta que nos dio frío, y como lamentablemente la playa está cercana a un pequeño precipicio al ponerse el sol la temperatura bajó mucho y tuvimos que partir rápidamente de vuelta al camping donde dejamos nuestras cosas. éste se encontraba en un pueblo tan pero tan chico que no encontramos ninguna tienda donde comprar comida! Teníamos un paquete de pasta que requería hacerse con leche, así que le compramos dos litros a la heladería del pueblo que nos cobró lo que quiso, pero al menos tuvimos cena.
En el camping compartimos con un par de parejas que viajaban en sus caravans y nos dimos cuenta del volumen del negocio de los viajes por tierra en el país. Hay tantas empresas de caravans que incluso existe la posibilidad de, si haces el viaje de sur a norte, conseguir una van gratis para llevarla de vuelta a los puntos de mayor llegada de turistas (“Caravan relocation”). De hecho conocimos a una pareja de niñas de Inglaterra de 18 años que se tomaron el año después del colegio y se arrendaron una…malditas economías superiores. Lo bueno de conocerlas es que después de llegar a Cathedral cove nos tocaba enfilar hacia el sur por un tramo del camino que ya habíamos recorrido hacia el norte. Saben cual? Sí, el cerro gigante. Así que les preguntamos sin asco a las niñas si nos llevaban hasta el pueblo bisagra y, como no cabíamos los dos con las bicis se llevaron a Cami y mis alforjas, así que tuve una mañana de escalada liviana, lo cual es mucho más agradable.
Después de almorzar bajo un vendaval seguimos hacia el sur con dirección al pueblo de Whangamata, nombre claramente de origen Maorí que para nosotros se pronunciaba “guangamata” y nadie parecía conocerlo. La cosa es que de verdad se pronuncia “Fangamatá” y por eso nos miraban con cara de marcianos cuando les preguntábamos. El camino por esa ruta es duro, muchísimo cerro y harto viento. Pero al mismo tiempo es muy lindo pues al subir cerros por lo general acá te encuentras con bosques y una que otra granja. Claro, seria lindo que fuese más bosque nativo y menos pino pero de algo tienen que vivir estos hombres.
Esa noche llegamos a otro camping del DOC, casi igual de lindo y éste con un trekking hacia unas cascadas, pero cuando llegamos estaba lloviendo así que no lo pudimos hacer. El lugar se llamaba Wenworth Valley Campground.y queda en un camino de ripio en el medio de un valle hermoso, muy recomendable. En el camino hacia allá compramos en una caja en el medio de la nada en el camino, una mermelada de cebolla caramelizada así que a pesar de estar mojándonos la pasamos bien comiendo en la carpa, y de ahí derecho a dormir.
Al día siguiente nos tocaba llegar a una ciudad grande llamada Tauranga, que se encontraba como a unos 80 kilómetros. Entre tauranga y donde estábamos se encuentra el límite regional entre Coromandel y la entrada a Bay of Plenty, hogar de la producción de Kiwis que es tan popular entre los Chilenos que vienen con Working Holidays. Decidimos buscar un lugar donde quedarnos entre redes y terminamos con una habitación en AirBnb. Sin embargo a mediodía nos dijeron que no nos podían alojar esa noche si no que la noche siguiente. El camino por su parte fue un maricón. La tierra parece un acordeón en esa zona, no hay un kilómetro de tierra plana sino que por cada 5 minutos subiendo te toca uno bajando, prefiero incluso un cerro grande de subir una hora y bajar 10 minutos pero que al menos te da descanso, acá era imposible agarrar ritmo.
Destruidos, sudados y desganados llegamos al limite de la ciudad, marcado por un río, sin saber si entrar y buscar donde quedarnos pagando, o desviarnos hacia las granjas para hacer wild camping. Tras discutirlo un buen rato primó el bolsillo y partimos por un camino lleno de granjas de arboles, orchards como se les conoce acá, pero sin lugares buenos para dormir pues es todo privado y enrejado. En eso vimos pasar un viejo en una camioneta que luego se dio toda la vuelta para preguntarnos si estábamos perdidos, le contamos nuestra situación y nos mandó a un parque al borde del río donde según el se podía acampar. La única recomendación fue tratar de no ser visible porque a veces la gente de la ciudad se va por allá a tomar.
Esperamos comiendo a que la noche cubriera el cielo y luego armamos nuestra casita sin prender luces bajo un sauce para que nadie nos viera y tapamos las bicicletas y las alforjas con nuestro cubretecho para la lluvia para que los reflectantes no nos delataran. Dormimos bien? No, pero despertamos con la entrecortada luz del amaneces entre las ramas del sauce para ver el rocío subiendo desde el pasto y desde el río, salimos compensados y con ganancia.
A la mañana siguiente entramos en Tauranga derecho en dirección a la casa de Mike, que seria nuestro anfitrión por la noche. Él y su esposa son nacidos en las islas Fiji pero de ascendencia Hindú. Nosotros fuimos sus primeros huéspedes para nuestra fortuna, porque fueron más allá de lo que se debiese en Airbnb, nos dieron las 3 comidas mientras estuvimos ahí y nos llevaron en su auto a pasear por Mount Manganui, que es un pueblo en la playa muy cool y de esos caros durante el verano. Además les pedimos que nos llevaran a una tienda a comprar un cargador solar y para allá partimos.
Durante nuestra estadía en Europa nunca fue necesario un cargador pues la verdad casi nunca estas andando por el campo, siempre hay un pequeño pueblo o un bar donde parar y enchufar el teléfono. Sin embargo como habrán notado hasta ahora, de las noche pasadas desde la salida de Auckland todas menos una las pasamos en campings en reservas o wild camping, por ende la inversión en un cargador que nos permitiese ser independientes en cuanto a poder se justifica más.
Mike y Aneeta, su esposa, eran gente realmente hardcore católica, de hecho Mike veía ese canal que nadie sabe para que esta ahí en el cable en que un candidato al rey de los huevones hace interpretaciones muy rehuevonas de la biblia. Sin embargo su forma de transmitir su cristianismo sin imponer, más los buenos deseos que nos dieron que son totalmente transversales en cuanto a fe nos sonaron sinceros. Hay buena gente hasta en las más extremas supersticiones.
Por la noche nos juntamos con unos viejos-nuevos conocidos. Resulta que mientras planificábamos el viaje en un grupo de Facebook conocí a otro Chileno que también se iba a viajar en bici por Europa, y luego también se iba a Nueva Zelanda con Working holiday. Ellos son Alexis y Pauli de Ciclotour Paine . Fue de verdad una experiencia muy linda poder compartir con gente que vivió el mismo proceso que nosotros, desde el comentarle a las familias que se iban de viaje, hasta un poco de chisme de los problemillas dentro de la relación durante el viaje. Además Ale también es ingeniero así que nos reímos de cómo ambos llevábamos el calculo de las distancias, del presupuesto del viaje y otros al principio, y que después de andar un rato los dos lo mandamos todo un poco a la mierda y decidimos pasarlo mejor.
Partimos al día siguiente en dirección al sur hacia la ciudad de Rotorua, donde nos estaba esperando una pareja de Warmshowers que anticipábamos harto conocer porque tenían un par de viajes muy interesantes en su perfil, y porque íbamos a dormir en una casa en un árbol!
El camino hasta Rotorua? Una tortura bajo la lluvia. De hecho nos metimos a la entrada de una casa en construcción aprovechando que era Domingo para poder al menos almorzar secos. Además en este camino hay dos “gorges”, que se traduce literalmente como gargantas. O sea, nos tocó bajar básicamente un cañón hasta pasar un puente y luego subir la pared opuesta, en ambas ocasiones caminando pues la pendiente superaba fácilmente el 12%. Lo mas divertido es que había un camino ligeramente más largo pero más plano para llegar a Tauranga por el este, pero no lo quisimos hacer para no aumentar la distancia. Al final la casa a la que íbamos estaba saliendo de la ciudad por ese camino así que toooda la vuelta por el pueblo sumó más kilómetros que haber partido por el otro lado.

Rotorua es una ciudad de alrededor de 70.000 habitantes conocida por su lago de origen volcánico, sus actividades al aire libre, su población Maori y su olor a culo. Resulta que entre tanto fenómeno geológico raro, acá hay afloramientos termales pero de agua extremadamente sulfurada. El sulfuro es el compuesto químico probablemente presente en los huevos podridos, así que ahí figurábamos nosotros pedaleando respirando por la boca y con una bandana a lo bandido Mexicano para tratar de soportar el olor mientras nos dirigíamos a la casa de Pete y Eva. Pasamos a comprar una botella de vino de regalo que solo pudimos cargar en lugar de una caramayola, lo que llamó la atención de más de un transeúnte.
Finalmente llegamos a la casa y nos encontramos de inmediato con una sonrisa de bienvenida, más la risa de los dos niños, estábamos en una casa familiar de aquellas. Rápidamente nos sacaron de la lluvia y nos ofrecieron algo caliente más una ducha que tendría que esperar porque, para nuestra sorpresa, estaban alojando a la vez a otro miembro de Warmshowers de Francia que llegó minutos antes (Hay que ser muy buena gente). Estábamos desembalando cosas cuando sale a saludarnos Fabien diciendo :

– “Hola po, así que son de Chile, que la raja”, con un marcado acento Francés

Mi cerebro trataba de encontrar entre su conocimiento previo algo que calzara con lo que acaba de escuchar y me impulsaba a preguntar :

“Que…chucha…eres?”

Afortunadamente la Cami, un poco más atinada le pregunto algo así como “Pero tu eres Chileno o Francés?” Lo cual tenia harto más sentido, mala jugada cerebro.
Ahí Fabien nos explico que es Francés pero estuvo un año de intercambio en Valparaiso
(“Valpo, que es pal pico de entretenido”) así que podía hablar nuestro coa a la perfección.
Obviamente por respeto a nuestros anfitriones seguimos hablando en inglés pero fue una grata coincidencia.
Pete y Eva son gente realmente bakán y admirable. Son una pareja en sus tempranos cuarentas con una hijita de 7 años y un hijo de 4. Dicen que dado a que están en plena paternidad se les hace más difícil viajar, así que reciben gente en su hogar para así poder por lo menos compartir por osmosis la experiencia de viajar. Pete trabaja para el DOC como controlador de plagas, de hecho vivieron un año cerca de Cathedral cove mientras exterminaban a las ratas y gatos salvajes de una isla aledaña.
Eva es Alemana. Se conocieron en una hostal en Europa y se enamoraron, sus hijos hablan ambos el Alemán con la mamá y el inglés con el papá. Los niños van a la escuela pública más cercana pero la mamá que no trabaja se ha preocupado de complementar su educación con aprendizaje experimental y jugando, como por ejemplo en la casa en el árbol con colchón de dos plazas y cargadores de teléfonos que se alimentan con paneles solares. Pete además es aficionado a la pesca, y adivinen que hicimos el Lunes por la mañana…Con Pete y Fabien fuimos a pescar. Él nos dijo que saldríamos a las 5 am así que imaginé que tendríamos un buen paseo en el auto…las pelotas, tras 5 minutos nos dijo “Llegamos”. Era un codo de un río llamado “Trout pool” o piscina de truchas.

Como referencia Wellington se encuentra en el mismo paralelo que Coyhaique, o sea Rotorua está más o menos a la misma altura que Puerto Montt. Menciono esto porque a pesar de que llovía copiosamente a las 5 de la mañana ya se veía con claridad. Cuando llegamos se podía ver a las truchas comiendo bichos de la superficie, así que empezamos a tirar con una caña mosquera, pero luego de un rato dejamos de verlos y cambiamos todos a algo más pesado y al primer tiro Pete enganchó una trucha que me dejó sacar. Al final a las 9 de la mañana habíamos sacado 4 y volvíamos felices a casa.
El vecino de Pete además es cazador y con él Pete tiene una interesante sociedad. Pete le da un par de sus truchas cada cierto tiempo y entonces el vecino le da una pierna o un lomo de los cerdos salvajes que se cazan en la zona. Se imaginan lo que le hace a la economía doméstica recibir unos 10 kilos de carne más tanto pescado como tu hobby te pueda proveer? Pura vida, no?
Bueno, como llovió todo el día por la tarde fuimos a un club con piscinas termales bastante famosas en la zona y a ver una iglesia con arquitectura maorí, pero lamentablemente el olor me tenia monofocalmente concentrado en respirar por los ojos si fuese posible.

Para la cena Pete nos enseñó a ahumar las truchas en una caja para ahumado la cual resultó ser una delicia. De postre nos enseñaron a comer Tim Tams, que son unas galletas que se comen con bebidas calientes que son una maldita delicia. Nos tienen al borde de la dieta las muy dulces desgraciadas, te amo timTam.
A la mañana siguiente fuimos invitados a ver el ensayo general de los niños de la escuela, de una presentación típica Maorí llamada el Kapa Haka, una costumbre tremenda, les recomiendo que googleen “Kapa Haka” , hay videos impresionantes.

Con Fabien nos íbamos por la misma ruta los dos días siguientes con dirección al lago Taupo. Afortunadamente salió el sol y partimos los tres. El problema es que a pesar de ser un flaquito es una maquina para los deportes, sus historias eran todas de raquetear en la nieve, de ultra-maratones o cosas así. Partimos y rápidamente nos ordenamos en un 1-2-3 con él liderando, y la Cami en la retaguardia. Tomamos un camino precioso que va por unos bosques y que tiene unas rutas para hacer en Mountain Bike. Nosotros tomamos solo un corto tramo de una de ellas para almorzar en un muelle del “lago verde”. No le notamos el verde pero fue pedazo de lugar para almorzar. Solos a la orilla de un lago tan lindo que en muchas otras regiones tendría su resort en la orilla. Acá estábamos solos los tres. Después nos encontramos con un par de Alemanas en tremendas bicicletas y con las mismas alforjas que Fabien, la diferencia es que ellas tenían 18 años, ven que viajar es cuestión de atreverse?
Durante la tarde pasamos a un lugar genial llamado Hot’n cold streams. Es básicamente un arroyo de aguas termales que en un punto se junta con otro de agua dulce y fría, así que moviéndote un poco más hacia un lado o el otro puedes regular la temperatura a la que te quieres bañar. El único pero es que el agua termal también es súper sulfurada, así que no puedes sumergir la cabeza y la piel después de bañarte te queda un tanto hedionda y apelmazada.
Afortunadamente nuestro plan incluía la solución a este problema. Decidimos pasar la noche en un camping que cuenta con 9 piscinas termales , llamado Waikite Valley. El viento para llegar allá se puso terrible y tuvimos que subir un cerro gigante pero llegamos! Y pasamos lo que quedaba de tarde en el agua conversando, tanto con Fabien como con un señor de la zona y hasta entre nosotros, increíble.
Al día siguiente escalamos el cerro en la otra dirección, que resultó ser incluso más empinada y salimos en dirección sur por un camino más aburrido, completamente plano y de granjas tras granjas todas iguales. Yo quería tratar de seguir el partido de la selección de Chile con Uruguay pero claramente no podría conectarme a nada decente , me conformé con enterarme que nos volaron la raja por Twitter.

Taupo es un pueblo muy muy lindo en la orilla del lago y con muchos espacios públicos, y todos verdes. En el pueblo hay un bungy impresionante hacia la garganta de un río, y pensamos en saltar pero la verdad nos resultó muy caro, cada uno costaba alrededor de 4 días de viaje de ambos. Algún día tendremos ingresos asegurados que nos permitan viajar y darnos estos lujos y este blog tendrá mejores historias que contar (Para eso pueden compartir este post darnos más alcance!).
Luego de ser rechazados de un lugar que el mapa marcaba como camping, pero que en verdad era un estacionamiento para caravans, fuimos al supermercado y partimos resignados hacia un camping privado. No habíamos andado ni dos cuadras cuando un ciclista de ruta se me acerca y me pregunta donde vamos. Le comento que andábamos buscando un lugar donde dormir, y me contó que el municipio de Taupo, enterado del problema que suponían tantos campistas queriendo tirarse por ahí, compró un terreno al borde del río donde se puede acampar gratis, con buenos baños y basureros. Partimos para allá, nos bañamos y dormimos como bebés.

Sociedad Kiwi, te amo.

Al día siguiente nos despedimos de Fabien, a quien lo esperaban en unos días en una granja para trabajar haciendo WWOOFING, nosotros no teníamos muchos planes pero teníamos que hacer un papeleo para abrir una cuenta en un banco, lo que es requisito para poder trabajar acá, ya que sin una no te dan tu número fiscal. Perdimos buena parte del día en eso, pues no nos dieron la cuenta sin tener una dirección que poner en los formularios. El resto del día lo pasamos paseando por la ciudad y viendo si algún hostal estaba dentro de nuestro rango de precios, para poder lavar ropa. La respuesta fue no, así que volvimos al camping gratuito por una noche más y al día siguiente partimos después de almorzar hacia el sur por la costa del lago, bajo una lluvia intermitente. Antes de salir llame a una hostal barata en el pueblo en la costa sur llamado Turangi para reservar un lugar por esa noche, que nos estaría esperando ahí. Pero el dueño no se tomó la molestia de esperarnos, fue a Taupo a buscar a unos Chinitos y como yo le dije que andábamos en bicicleta, al reconocernos en la carretera nos subió a su furgón y así llegamos haciéndole el quite a la lluvia que incrementaba su fuerza.
Hay algo medio mágico sobre una cama, que hace que sin importar la hora del día, si no te has acostado hace mucho en una, te va a agarrar entre sus brazos y no te va a dejar escapar. Al final nuestro día para conocer Turangi lo perdimos durmiendo. En la noche hablamos con el dueño de la hostal por un rato sobre el camino del día siguiente, The desert road. Una meseta elevada que pasa por al lado del Mount Tongariro y otro volcán que fue utilizado en el Señor de los anillos como el Mount Doom. Levemente intimidante…

Partimos a eso de las 10 de la mañana nuevamente en dirección sur, con buen clima y al principio una agradable pendiente, todo eso cambió rápidamente. Primero comenzamos a subir y una nube comenzó a amenazarnos desde el oeste, pero nunca llegó a concretarse. Como en buena región lacustre y montañosa, hay un punto en que la altura de las montañas hacen que el verde de paso primero a una vegetación más seca, y luego solo a arbustos bajos como de una tundra. Finalmente llegamos cansadísimos a la altura de la meseta, donde había tanto viento que no podíamos hablarnos desde las bicicletas, y además no había donde refugiarse. Almorzamos en una pequeña quebrada, mientras en Chile se estaban casando unos tíos muy queridos para nosotros de la Cami, por lo que hicimos lo posible por comunicarnos mientras estirábamos las piernas y comíamos como animales.
La tarde comenzó mal, muy mal. El sol nos hacía mierda a piacere, pues no había ni una rama que lo obstaculizara, y el viento parecía tomar vuelo para movernos por entre los volcanes a nuestro Este. Cuando vives en una isla ese es el precio a pagar me imagino. Las diferentes presiones entre los mares de ambos lados siempre van a hacerte entre una brisa hasta un tifón como el que nos estaba pegando. El camino hacia delante se veía súper plano, pero era todo una gran y vil mentira. En medio de esta meseta habían viejos cauces de agua enterrados muchos metros por debajo del nivel promedio, y que además canalizaba el viento en vez de protegerte de él. Pasamos la primera quebrada, pasamos la segunda y antes de la tercera el viento cobró tal fuerza que nos empujaba las bicis hacia atrás, luego si el viento rebota, cambia de dirección.
En la tercera quebrada un viento contrario empujó a Cami hacia la pista de los autos. Ahí colapsó. Se bajó de la bici llorando y empezamos a caminar con las bicis al lado y sabiendo que teníamos 30 kilómetros hasta el próximo pueblo de la misma miseria pensé en hacer dedo nomas para que nos sacaran de ahí. La primera camioneta que pasó nos llevó, se trataba de una chica que iba de vuelta a Palmerston North desde Auckland adonde fue a ver un concierto de Fleetwood Mac. Sociedad Kiwi te re-amo.

Camila frente al Mt Tongariro

Camila frente al Mt Tongariro

Nosotros pretendíamos pasar la noche en un pueblo de 5 casas que había al fin de la meseta, pero la chica nos dijo que de verdad no había nada interesante entre ahí y su ciudad, lo que pudimos comprobar con nuestros propios ojos porque nos sobre-quedamos arriba de su camioneta. Hicimos 135 kilómetros en una hora y media, lo que a nosotros (sin viento) nos podría haber tomado más de dos días. Culpa? Nah, estábamos muertos de cansancio.

A decir verdad, a esta altura tras 2 meses de viaje en bicicleta interrumpidos solo por las 4 noches en Pompeya y las 3 en Auckland teníamos algo así como cansancio crónico, lo que nos pasó en la cama de Turangi fue una muestra clara de que requeríamos un descanso.

Pasamos la noche en una hostal de Palmerston North, donde con suerte fuimos reptando al supermercado para hacernos algo de comer. Conversando decidimos que al llegar a Wellington íbamos a pensar bien en que hacer, porque seguir de inmediato a hacer los más de 1.200 kilómetros de la isla sur bajo constante viento no iba a ser divertido para nada.

La buena noticia es que en Wellington nos estaba esperando Judy, la madre de Louise a quien conocimos en Italia. Ya habíamos estado intercambiando mails e incluso compré un teléfono para reponer al mio y lo mandé a su casa. Tenia grandes sensaciones e ilusiones respecto a llegar a estar con ella.
Salimos de Palmerston North por una larga ciclovia con la intención de llegar a un camping gratuito del DOC y luego llegar a la primera estación del tren metropolitano de Wellington y de ahí viajar hasta la casa de Judy en Upper Hutt en tren. más que por el cansancio, porque Wellington esta entre montañas y en la costa, por ende la entrada es una autopista que si bien permite el uso de la bici (solo en países de mierda parece estar prohibido), no tiene nada de lindo andar al lado de un flujo grande.

Acá en Wellington nos recibieron con los brazos abiertos y nos han hecho sentir en familia. Curioso estando física y culturalmente tan lejos. Más rato les cuento mas.

Pueden ver las fotos de nuestro paso por la isla Norte en ESTE ÁLBUM.

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