La Toscana en bicicleta

Los últimos 8 días han sido una delicia a los sentidos mientras vamos por La Toscana en bicicleta, una maravilla, los hemos disfrutado a pesar del clima que ya decididamente no acompaña en esta parte del año. Toscana, en mi post pasado insinué que podías estar sobrevalorada, te pido perdón humildemente.

El Sábado 17 me encontraba bajo el sol del atardecer pedaleando sólo, en las subidas la Cami normalmente se queda atrás, y me sentí justo en el lugar que quise estar cuando nos vinimos al viaje. En Marruecos me pasó algo parecido y hablé de un momento “Wow”. Con todo lo que nos pasó este año y recordando como me imaginaba que iba a ser el viaje, en Mayo del 2014!, me emocioné de verdad, por ese momento todo lo que dejamos atrás, el justificarnos ante todos, los días malos….está todo pagado.

La frontera entre la Toscana y La Liguria no me he dado el tiempo de buscarla, solo sé que cuando llegamos a Pisa nos dijeron que ya estábamos en la Toscana. Hemos dejado pasar muchos días sin escribir, hasta hoy que ya nos encontramos al sur del límite de la hermosa región vinícola, pero es que simplemente estuvimos muy ocupados viviéndola a concho.

Cami en Pisa

Pisa es una ciudad promedio con una plaza impresionante, la de la torre y los dos templos que la escoltan. Fuera de eso es más bien gris y falta de gracia. Estuvimos de todas formas obligados a quedarnos por el pronóstico del tiempo que amenzaba con chaparrones desde las 7 am hasta las 7 PM del Martes 13 de Octubre. Al final, la lluvia que nos dejó ahí por la mañana retrocedió a eso de las 12 a tal punto que pudimos salir a almorzar casi con sol. nunca me he quejado de comer pastas, ni en Italia ni sentados en el piso al lado de nuestra cocinilla, pero por algúmmotivo estando en Pisa pagué casi 7 lucas por un plato de medio pollo que no estaba ni bueno, me debe haber pasado la cuenta tantos días sin comer un pedazo de carne entera, aunque fuese de pollo. Del resto de la tarde poco que contar, compramos algo liviano para comer en la noche y a la pieza del hotelucho donde estábamos a abusar del internet, siempre con los 4 días de  lluvia consecutivos que teníamos presupuestados por delante en la mente.

Es bastante deprimente desayunar con lluvia. Lo es en la casa antes de irse a la pega y lo es más saliendo a pedalear 75 kilómetros entre dos ciudades. Esa es la distancia que une Pisa con Florencia. Un turista normal se sube a un bus en Florencia, en una hora está sacándose fotos con la torre de Pisa, de vuelta pasa por la ciudad amurallada de Lucca y está almorzando de vuelta en Florencia una pizza mirando el río Arno.

Para nosotros se sentía como llegar a la Luna.

Partimos de todos modos bajo la lluvia suave y para sorpresa general paró de llover y nos fuimos pasando pueblos y pueblos de una calle y todos en el llano, ya que el camino seguía la línea del río. Algo bien curioso de Italia es que como las ciudades todas tienen su línea arquitectónica definida antes del siglo XV, nunca se ven grandes edificios industriales dentro de las ciudades. Entonces te empiezas a alejar un poco y aprecen los superercados grandes, los almacenes tipo Homecenter, las compra-ventas de autos y todo ese enjambre de construcciones que podrían hacer del más lindo paisaje cualquier cagada. Así es el camino entre Pisa y Florencia por los primeros 35 kilómetros. Yo pensaba que esto era para satisfacer la demanda de la gente de Florencia, pues Pisa tampoco es una ciudad de muchos habitantes, sin embargo tras unrato el camino se puso lindo, con cerros y pueblos un poco más amigables al ojo, como San Miniato.

Me acuerdo de San Miniato porque justo ahí había un desvío en el camino por construcción, y mientras buscábamos como salir de ahí se largó la lluvia como se le esperaba y decidimos hacer un break para almorzar donde pudiésemos. Como el pronóstico una vez más indicaba lluvias fuertes por las próximas al menos 6 horas decidimos arrendar un pequeño apartamento que había en Airbnb. Saldo de la semana hasta el momento: 2 días, 35 kilómetros, menos mucha plata en alojamiento, así no hay planificación que aguante.

Dejando la amargura de lado resultó que el departamentito estaba bastante bien, la señora nos lo mostró y volvió a su trabajo y nosotros nos pegamos una ida al súper para la cena y luego una siesta, y aparte miramos en internet opciones de caminos, cosas que hacer, donde llegar y todo eso para Florencia y los días sucesivos. Al final entre eso y la tremenda comida que nos hicimos quedé feliz a pesar de no poder salir. Esto cada vez se está pareciendo más a una luna de miel…

Día siguiente, la señora nos dejó desayuno antes de irse al trabajo así que con el mejor de los ánimos partimos y atravesamos la ciudad de Empoli, de la cual no tenía ninguna referencia más que un equipo de fútbol en primera. Pegamos una pasada por ahí sin pena ni gloria porque el camino no entra de lleno a la ciudad sino que va de rotonda en rotonda por la periferia industrial. Al final, querías hacer todo lo posible por llegar rápido a Florencia. Como si alguien nos estuviera esperando pero la verdad es que por couchsurf nos conseguimos alojamiento para la noche siguiente, la del Viernes, era Jueves y todavía teníamos que ver que hacer aunque ya teníamos marcado en el mapa un camping cerca de la ciudad como primera opción.

A todo esto, el camino entre Empoli y Florencia sí es bastante lindo, no quiero quemar a toda esa región por un par de kilómetros como de cualquier otro país desarrollado. Paramos a almorzar en el supermercado grande a las afueras de Florencia, un Coop, marca que tiene más presencia que Walmart y Cencosud juntos. Entre comer en el delhi y comprar comida para la noche y desayuno creo que estuvimos más de dos horas ahí, porque cuando un viejo nos metió conversa al vernos en la entrada yo le dije con cara de pena, “son las 4:30 y todavía no tenemos pensado donde pasar la noche”, no se conmovió ni mucho menos nos invitó a su casa. Así que al camping partimos.

Partimos, pero nos demoramos como una hora y media más porque  a Florencia la rodean un montón de pueblos chicos mal conectados entre ellos. Yo, persiguiendo una ciclovía que aparecía en el mapa me hice responsable de un desvío de unos 3 kilómetros para luego volver  al mismo punto 30 metros más adelante. Papelón de navegante de nuevo. Entre tanta vuelta se empezó a oscurecer y nos tocó pasar por Florencia haciéndole el quite a los turistas para llegar rápido al camping antes que se hiciera de noche, que por supuesto prometía lluvia, con la idea de recién al día siguiente poder ir a conocer la ciudad.

Nuestro equipo para la lluvia.

Ese camping si que era un robo. El mejor de todos los que hemos ido pero eran 26 euros las noche. Te creo si vienes con tu casa rodante y cinco pendejos arriba pero cobrarnos eso a nosotros que con suerte enchufamos un celular a la corriente del baño es totalmente desproporcionado. Por el lado bueno, las parcelas tenían harto árboles así que pudimos poner nuestro techito sobre la carpa para la lluvia y para poder cocinar afuera sin mojarnos.. y como nos mojamos! Esa noche cayó una tormenta de rayos y truenos impresionante. Nos acostamos frente a frente con las luces apagasdas y cda rayo nos permitía vernos la cara como si fuese de día, y los truenos acá son larguísimos! Me imagino que es porque tienen mucho valle en que rebotar pero de verdad fue una noche larga y poco descansada. Al día siguiente nos duchamos y salimos, lo bueno fue que nos dejaron dejar las cosas en el camping así que amarramos las bicis en la ciudad y nos lanzamos a conocer sin la preocupación de que nos vayan a robar.

Florencia es IMPRESIONANTE.

Yo soy el primero en renegar de las iglesias y construcciones medievales que de verdad eran símbolos de poder político y que costaron la vida a miles de esclavos del estado pontificio…pero a veces hay que ser humilde y dejarse maraviilar. Hay dos edificios capaces de dejar con la boca a bierto a cualquiera. El primero es el duomo de Florencia, con su fahada entre mármol y verde y con detalles en sus esquinas a todo nivel. El otro es el palacio de la plaza de la Señoría, que en la entrada tiene replicas de la fontana de trevi y del David de Miguel Angel. Es tan alto que un temblor grado 3  dejaría su torre en el piso, esperemos que en esta zona nunca pasen por eso.

Entre todas las opciones para gastarse la plata que ofrece esa ciudad nosotros nos la jugamos por dos: La primera ir al museo donde se encuentra el David con un guía, y la segunda fue ir a almorzar comida china. Es raro los antojos que te dan a veces…

Cami con el David

Lo del guía en el museo fue un acierto. Paara gente con nuestro nivel de conocimiento artístico e histórico medieval la vuelta por el museo de la academia puede perfectamente durar 12,5 minutos. Sin embargo si te van poniendo un poco en contexto y además te cuentan el gossip de la época, de que hizo Miguelangel con la plata del papa y a donde querían poner la estatua y todo eso se hace bastaaante más interesante. Tanto que nos dejó con el tiempo justo y suficiente para ir a ver el atardecer a la plaza con la panorámica sobre toda la ciudad, ir a buscar nuestras cosas y dirigirnos a la casa de nuestro anfitrión, Leonardo.

Panorámica de Florencia.

Cuando contactamos a este sujeto nos hizo responderle una encuesta larga de quienes éramos por mail para que nos aceptara, y luego nos explicó el libro de reglas de la casa. Sin embargo es alguien que siempre abre sus puertas para alojar a visitas pidiendo a cambio sólo que la cena sea compartida. En un día normal en su casa hay a lo menos 4 turistas quedándose gratis en una de las 3 piezas que tiene destinadas para eso. Entonces cuando salió a recibirnos en camiseta y con el cierre abierto mejor no decir ada y sonreir.

El caballero este estaba alojando además a una pareja de un Español con una rusa y cocinó pasta y crostones que estaban súper buenos. La conversación fue bastante poca fluida y yo diría que fuertemente influenciada por como hablaba con la boca llena el buen Leonardo. Por lo menos quedamos conformes con nuestra pasada por Florencia, gastando en museos y comida pero no en alojamiento.

El sábado 17 se ganó un post aparte por ser el día perfecto.

El domingo 18 no fue el día perfecto. El primer problema grande nos cayó antes de salir del camping siquiera. Mi bolso delantero que ya estaba un poco averiado terminó por caerse. La pieza que lo sujeta al manillar se quebró, así que no sólo quedé sin tener a mano las cosas que ahí llevamos, sino que además al amarrarlo atrás también perdí el acceso rápido a las cosas que guardo en mi bolso trasero.

En segundo lugar al poco andar nos equivocamos de camino y terminamos en una bajada súper empinada de tierra, que terminó por dañar mucho nuestros frenos. Mis frenos de disco no han recibido ningún cariño en el viaje y a esta altura con más de 3.500 kilómetros andados  me avisan que están cansados en todas las bajadas. Después de esta en particular decidieron quedare pegados y tuve que andar con la rueda un poco frenada hasta poder parar a arreglarlos.

En todo eso, como en todo día malo, se puso a llover y salió viento. El plan era estar almorzando en Siena temprano para poder almorzar y recorrer la ciudad. Son las 3:30 PM y recién vamos entrando a la ciudad muertos de hambre y sin idea donde ir. A veces nos hace falta la guía turística. Siena es un tourist trap de aquellos. Entras a la ciudad vieja con sus callecitas medievales y todos los precios se disparan. Nos comimos un almuerzo muy discreto en que nos cobraron 3 euros por cada botella de jugo, y 1.5 euros cada uno por el servisio, que es como pagar la propina. Pero pagamos 3 euros por una comida de 15. Es como estar obligado a pagar el 20% de propina a donde fueras.

No hay nada que ponga de peor humor a la Cami que no saber donde vamos a pasar la noche cuando ya comienza a oscurecer. Tras buscar en booking y en Airbnb nos dimos cuenta que no había como respetar ningún tipo de presupuesto en esa ciudad cara, así que mientras paseábamos por la plaza de Siena y nos dirigíamos a la catedral andábamos preocupados, peleándonos y mala onda.

La respuesta a todos nuestros problemas se materializó en la forma de un flaco y una rubia llamados Pierre y Mayeole.

Estábamos viendo la fachada de la catedral, que es de mármol, cuando desde dentro sale una parejita cargando sus alforjas y con los cascos puestos. Losvimos acercarse a sus bicis y cuando ya tenían todo montado les metimos conversa. Nos contaron que eran Franceses, que están casados y viven juntos en Alemania, y que se encontraban de vacaciones por dos semanas recorriendo todos los pueblos de la Toscana. Al fin toqué el gran elefante en la conversación,

“Tienen donde quedarse hoy?”.

– ” Vimos un lugar excelente para hacer wild camping, así que tenemos que pasar a un supermercado y luego iremos para allá.”

Estamos salvados. Los 4 juntos partimos en dirección al súper y luego a una noche de camping, luces bajas y hablar a media voz….sweeeeeeeet.

Lo que más me llamó la atención de ésta, nuestra primera noche compartiendo con otros cicloturistas es que me sentí súper bien

Acampando con Pierre y Majoule.

equipado comparativamente. Si bien ellos viajaban más light, y por ende completaban muchos más kilómetros diarios que nosotros, al comparar equipos no encontré nada del nuestro que sacaría para ganar esos kilómetros extra al final del día. Por ejemplo, ellos no llevaban colchonetas inflables, sino que de goma, no llevaban ningún artículo electrónico, no tenían ni sillas ni cubrepisos… todas cosas que sin duda hacen nuestras jornadas mucho más cómodas.

Luego de conversar un buen rato nos fuimos a dormir, y despertamos en las carpas mojadas por la lluvia cuando essuché movimientos en la carpa de al lado. Lo que pasó después todavía me tiene enojado.

Yo: “Buenos días!”

Ella: “Viste el ciervo? Acaba de pasar.”

431 veces cruzamos ese cartelito de “Cuidado, zona de Bambie” y nunca vimos a uno. Ahora, que mientras escribo ya no quedan kms por recorrer tengo la certeza de que ya no vimos ninguno, y ahí nos lo perdimos por segundos. Bueno, para eso está youtube.

Dado que su equipo era más liviano, cuando nosotros seguíamos enrollando cosas ellos ya estaban listos para irse, su plan era sguir viendo las atracciones de Siena, pero a nosotros ya se nos había atravesado la ciudad por la mala expeiencia del día anterior. Asi que salimos. Eran las 8:30 AM y etábamos ya sobre las bicis y teníamos un plan.

Estatuas gorditas de Siena.

Nuestra intención era pegarnos un día largo para llegar al Lago di Bolsena, distante a unos 105 kilómetros de donde nos encontrábamos. Sin duda sería difícil, y dependíamos un poco de las condiciones del camino pero si lo lográbamos el premio proetido era pasar tres noches acampando al borde del lago donde nos podríamos bañar y relajar  de todo lo que habíamos pasado con las lluvias de los últimos días. La mañana fue agradable y fácil pues partimos principalmente en bajada. Al poco rato de andar ya llevábamos 15 kilómetros sin mucho esfuerzo y luego nos llamó la atención algo  a nuestra derecha. Comenzamos a ver una senda peatonal y una par de personas haciendo trekking en ella, luego notamos que los caminos que dirigían a ella la señalaban como la “Vía Francigena”, lo cual por supuesto no nos decía ucho pero nos imaginamos que era una ruta de peregrinaje, probablemente a Roma. Pensamos en meternos pero como era de tierra y teníamos que avanzar harto nos quedamos en el pavimento nomás.

El problema con la Toscana es que como es una región medieval, muchos de sus pueblos están en las puntas de los cerros rodeados por una muralla protectora. Y algunos de ellos están en la ruta de la autopista.

11 de la mañana, 40 kilómetros cubiertos y comenzamos un ascenso comepiernas terrible, hacia el pueblo de San Quiricós. Seguíamos de súper buen ánimo pero para adentro pensaba que si nos tocaba otra como esa no íbamos a llegar y nos iba a tocar otra noche de wild camping antes de llegar al lago. Con sólo 48 kilómetros recorridos, ya estábamos bajándonos en el pueblo para almorzar.

No sé como se toman de verdad los locales de esos pueblos chicos las visitas de los turistas, porque igual deben ver hartos. Pero no debe ser muy grato que se te sienten a veces dos tipos en la mesa de al lado en el retaurant, vayan y enchufen sus teléfonos, saquen los bolsos de sus bicicletas y los dejen  casi en el pasillo, vayan al baño y salgan como si se hubieran duchado en el lavamanos y más encima se tiren tallas en español. Para colmo, abran su carpa y la pongan a secar en el espacio frente al estacionamiento. No creo que nos declaren visita ilustre en ningún lugar la verdad.

Lo bueno de subir harto es que siempre siempre hay que bajar, y el comienzo después de San Quiricós lo hicimos rapidísimo. Cuando estoy arriba de una colina tampoco me muero de ganas por bajar porque mientras antes llegues abajo antes te toca comenzar a subir de nuevo. Ahí no pasaron ni 10 minutos y ya estábamos escalando de nuevo. Lo lindo del paisaje nos mantenía distraídos pero para mí una vez que tengo un objetivo fijo no puedo sacarme de la cabeza la velocidad, nuestro progreso, cuanto nos falta, etc…me encanta. La Cami por otro lado me ladra cada vez que le tiro siquiera una indirecta con que quizás podríamos tratar de ir un poquito más rápido, así que nada, vamos a su velocidad nomás y si llegamos bien y sino bien también.

A pesar de eso, la tarde no se estaba dando nada de mal. A pesar de llegar a un punto muy bajo, el camino se fue paralelo a un río, o sea sin subir, y además salió un rico sol que hace rato nos penaba así que se necesitaba de un puente cortado o algo así para arruinarnos el humor. Saquen de la oración anterior el “algo así”. Se necesitó un puente cortado para arruinarnos el humor. Cartel amarrillo gigante que decía que había un pequeño desvío de tan sólo unos pocos kilómetros a mano izquierda. Entonces en vez de pasar por un túnel, nos mandaron a escalar de nuevo. Con poco más de dos horas de luz y 72 kilómetros recién, esa fue la puñalada final a nuestras expectativas de llegar al lado. Tendríamos que subir 8 kilómetros hacia Radicofani

8 kilómetros si lo piensan no es tanto, en un auto se pasan volando, y en las olimpiadas los corren como en poco más de media hora.   Subiendo cerros con bicis cargadas es como un Chile entero de largo. Si no fuera por lo desgraciadamente hermoso del paisaje que teníamos en todas direcciones mientras subíamos  habría sido una hora muy deprimente. Por lo menos podíamos ver como ese castillito minúsculo de la punta del cerro se iba haciendo un castillo, luego una fortaleza y luego un pueblo entero.

Mirador en Radicofani.

Yo llegué antes al cruce del pueblo, cuando subimos es más fácil mantenerte a cierto ritmo, y el mío es máss rápido que el de Cami. Entonces me senté a esperarla en la cima cuando de repente desde el sendero de la vía Francígena que también subía llega una pareja de señores de Francia que me desean ánimo. En eso llega la Cami y nos decimos palabras de aliento mutuamente, me llamó la atención que en vez de seguir por el camino cruzaran hacia el pueblo así que les pregunté donde iban. La respuesta fue que en el pueblo hay un albergue para peregrinos, por lo que a ellos les tocaba pasar la noche ahí.

-“Y aceptan ciclistas?”

– ” No sé pero casi siempre tienen más capacidad que los peregrinos que hay en Otoño, vamos a ver”.

Llegamos al pueblo y nos indicó la dirección del albergue una viieja con pinta de haber pasado la vida metida allá mismo. Los caballeros que administraban el albergue, que era de una organización católica no tuvieron ningún problema con que no contáramos con nuestras inscripciones como peregrinos, y de hecho nos ofreció guardar las bicicletas en la bodega, siempre recordándonos que debiésemos dejar un donativo al irnos. El lugar contaba con dormitorios de 3 camarotes, baños, cocina y comedor limpios y agradable. Nuevamente tras una noticia que nos cambiaba los planes para mal terminamos en una situación mejor. Durmiendo en camas con la más linda vista de la Toscana que se podía pedir. Mal que mal, habíamos escalado más de 550 metros en la recta final de un día de más de 80 kilómetros.

Radicofani es un pueblo muy muy lindo. Todas las paredes son de piedra color oscura y sus callecitas tienen cada casa adornada con su número en una placa de cerámica pintada a mano, balcones de fierro y flores, aunque las calles sean tan angostas que nunca les llegue el sol.

Radicofani.

Luego de pasear compramos cosas para cocinar en el único almacen del pueblo y cocinamos y cenamos en compañía de los peregrinos que fueron llegando. Tras la cena, Cami se fue a dormir y yo me quedé conversando con un chico de Tenerife que en sus dos semanas de vacaciones se fue a hacer la vía de Siena a Roma solo. Al día siguiente nos despertamos y vimos como los caminantes salían antes de que pegara el sol, nosotros fuimos a caminar al castillo que lamentablemente estaba cerrado. Luego desayunamos con toda calma una paila de huevos revueltos con pancito y comenzamos a bajar y bajar todos los kilómetros subidos el día anterior. Nos cruzamos nuevmente con la pareja de Franceses  y cruzamos la línea que nos sacó  de la maravillllosa región que es la Toscana.

 

Todas las fotos de nuestro paso por Italia las puedes encontrar AQUI.

 

Ponte vecchio de Florencia.

 

Frente al domo de Florencia

 

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