El día perfecto

El Sábado 17 de Octubre del 2015 fue el día perfecto para nosotros..

 

Primero, tuvo libertad de decidir que hacer. Segundo, no tuvo presiones externas y tercero no tuvo necesidades básicas que no pudiésemos cumplir. O sea tenía los requisitos básicos para ser un gran día.

Cuando nos despertamos estábamos en la casa de un loquito llamado Leonardo, que dedica gran parte de su existencia a recibir a viajeros de 3 o 4 redes de hospitalidad como Couchsurfing, por ahí lo contactamos nosotros. Era un tipo bastante bastante raro, pero al menos el día perfecto comenzó con los dos despertando solitos en una pieza en una cama de dos plazas. Nos apuramos un tanto en salir de la casa de este personaje  tras un desayunito de café y galletas con la esperanza de ver lo que quedase del amanecer desde  la piazzale de Michelangelo, un mirador que cubre el valle de Florencia entero. Les dejo aquí la foto que sacamos en ese momento, aunque no hace justicia al valle del río Arno despertando con la evaporación del rocío de los campos al fondo y el Duomo de Florencia como si fuera una nave perdida entre las colinas.

 

Para salir en dirección sur necesitábamos pasar un cerro bastante duro de pedalear que nos tomó al menos media hora andando en el cambio más bajo, mientras nos pasaban ciclistas de ruta aprovechando su Sábado hablando tan alto como los italianos saben hacerlo. Durante estas horas se anduvo nublando y temimos lo peor, que las lluvias de los últimos días nos alcanzaran de nuevo. Con eso en mente paramos en el pueblito de Chiesanuova a tomar segundo desayuno porque la subida nos drenó las energías aportadas por las cuatro galletas de la mañana, en un lugar de esos pequeñitos que parecen vender solo productos locales y orgánicos ricos buena onda, y nos comimos un yoghurt con granola y un pedazo de pie las dos cosas muy ricas.

Ya era tipo 11 de la mañana y comenzaba a salir el sol! Siempre a través de un pequeño claro entre las nubes pero definitivamente ya no cediendo ante la lluvia, sino ganándose una porción de cielo cada vez más grande. Es curioso que hable tanto de las nubes  pero llevo semanas mirando arriba tratando de encontrar patrones que muestren el futuro cercano, climatológicamente hablando por supuesto, Este día a esta hora las nubes se movían en capas, las más bajas alejándose en una dirección, y las más altas y feas dispersándose en el otro sentido en la misma línea. Hermoso.

Hermoso también el hecho de que nos tocaba bajar todos los metros subidos por un valle que no es uno, sino varias laderas no muy altas que dan la sensación de estar mirando una cadena montañosa desde tan alto que puedes ver por encima. Además, cada ladera tenía un bosque o una viña de hojas doradas producto de la entrada del otoño. Encima de eso por el borde del camino, filas de pinos de esos muy estilosos como un cono perfecto hacia arriba que marcan la estampa de esta zona daban con su sombra esa sensación de ir viendo todo cuadro por cuadro mientras descendíamos.

Al llegar al punto más bajo nuevamente nos había subido tanto el espíritu que nos fuimos para arriba conversando y riéndonos, parando cada tanto a ver el panorama que dejábamos detrás. Sabíamos, dado que habíamos visto desde un punto alto hacia el sur que los que nos quedaba sería un camino ondulante por al menos el reto del día, y que nos tocarían subidas así por lo menos por los próximos 45 kilómetros hasta nuestro destino de ese día, el pueblo de San Gimignano. No sabíamos mucho de que nos esperaba allá pero decidimos ir exclusivamente porque Marco en Savona nos recomendó conocerlo, y porque para llegar tomábamos un camino más pequeño y menos transitado que seguir por la vía  Cassia que es la principal entre Florencia y Siena.

La Toscana está muy bien representada en las pinturas en cerámica o incluso calendarios con casas de ladrillo en la punta de una colina, con caminos serpenteantes  de pinos que proveen sombra y viñas en las laderas hacia abajo. Esas pinturas hablan de esta zona. La único que merece un comentario es que también se produce mucha aceite de oliva y en los retratos nunca se visualizan las filas  de olivos que a veces parecen cubrir mayor extensión que los viñedos. El resto de la mañana y del pomeriggio, como le dicen acá a las primeras horas de la tarde fue una seguidilla de regalos a la vista tras cada ascenso, de saludar a viejos en sus fiat y de conversar entre nosotros sobre como será de verdad la vida de los habitantes de esta zona.

Cuando llegamos al pueblo de Certaldo decidimos parar a comer nuevamente un snack a base de masas, como durante casi toda nuestra estadía en Italia. En esta ocasión unos paninos de jamón, queso, tomate y mayonesa. En el bar donde paramos deben haber habido unos 20 viejos jugando cartas, que estoy seguro que en este mismo momento siguen ahí mismo y es donde deben pasar la mitad de su tiempo. Afuera en la terraza habían tres viejos que deben haber sobrepasado con crees los 80 años, mi supuesto es que ya están muy viejos para jugar asi que los dejan afuera para que conversen con el bastón en la mano. Esos viejos tienen que haber estado ahí mismo para la guerra siendo niños y ahora mientras estamos sentados ahí se pasea una fila de unos 15 Porsche Carrera, seguidos de autos Ford y Chevrolet (y Toyota y Renault!). Nuevamente pienso para mi interior que grande la capacidad de perdonar y retomar sus relaciones normales entre la gente, y entre países, en los 70 años transcurridos desde el fin de la guerra.

El resto de la tarde fue mágico. Una de esas tarde después de días de lluvia en que el sol brilla pero no produce calor, y en que el viento se fue para otra parte, y con ello los ruidos que produce en los árboles, en las casas, etc… cada pájaro que cruzaba lo podíamos escuchar por metros y metros. Los cerros se hicieron más bajos y el camino más zigzagueante, haciendo las pendientes cada vez más agradables dando más tiempo de mirar hacia todos lados, Es que todo es tan lindo…

Tratamos de sacarnos unas fotos en un camino dentro de una viña para actualizar la de la portada del blog. El plan era dejar la cámara fija en el suelo con el temporizador sacando fotos mientras nosotros bajábamos el camino y luego subíamos de frente. El problema que no pensamos es que con la lluvia el camino se hizo tan blando que ni siquiera pudimos dar la vuelta sin bajarnos de las bicis. Al final todo lo que quedó fue unas fotos con cara de sufrimiento y la Cami caminando arrastrando la bici llena de barro, y una risa que nos duró al menos una hora.

San Gimignano se ve a lo lejos, y se nota. Una ciudadela amuralladad del siglo XX, a la que le fuero agregando cosas por supuesto pero como buen pueblo medieval está en la cima de un cerro, y tiene tres torres grandes así que es medio inconfundible. Como andaba de tan buen ánimo deseché el plan original de buscar donde dormir entre las viñas a la mala y nos fuimos derecho al camping local, que si bien era más caro que lo normal, también estaba ubicado en un lugar más bonito colina abajo y con vista a las torres del pueblo. Armamos campamento y descubrimos que el camping tenía un Ristorante ahí mismo, de precios razonables y con horno a leña lo que siempre es bueno. Nuestro plan era agarrar de nuevo las bicis y volver al pueblo a comer algo pero la comodidad primó y decidimos ir a conocer el pueblo a la mañana siguiente. Esta noche era de pizzas a la leña a 10 metros de la carpa.

Una cosa que molesta un poco de Italia es que te cobren el derecho a cubiertos por así decir, o el servicio en cada restaurant. Algunos tienen la cortesía de ponerlo en la carta, otros simplemente no. Este en particular al menos se lo ganó, porque mientras esperábamos la comidad nos pusieron pan y masitas calientes al aceite que eran tan ricas que temíamos nos las fueran a cobrar sin pedirlas. Para evitar malos ratos le pregunté derecho al jefe y me dijo que eran cortesía. Les conté ya que puedo hablar en Italiano? Grande Duolingo.

Bueno, resultó que la pizza de ahí es la más rica que me he comido, que era tan grande que de una pizza y una ensalada quedamos los dos llenos y que en la mesa de al lado había una pareja con dos niñitos que nos metió conversa en Itagnolo sobre el viaje y sobre la región. Al final nos fuimos felices a la carpa, cansados por el ejercicio, adormecidos por la comida y sonrientes por todo lo demás que nos tocó vivir.

El 17 de Octubre no fue el día perfecto. Quizás haber despertado en una cama con sábanas y no sacos de dormir, en casa de amigos y no de un loco raro lo hubiera hecho perfecto. Quizás ponernos ropa lavada para salir a pedalear y no la misma que usamos ayer y antes de ayer y así 4 días para atrás hubiera sido mejor y quizás sentarnos a un almuerzo de tres platos en vez de pancitos, o llegar a casa con nuestras familias , o ver un partido con amigos hubiese estado mejor. Pero han pasado 4 días desde ese día y su recuerdo me alegra un montón. Temo que esa sensación no me la va a quitar ni 4 meses, ni años ni tampoco 4 décadas. Lo único que nos queda es quizás atrevernos a buscar un día que le robe el trono de nuestro día (casi) perfecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escoge tu lucha y no la abandones,

que importa si no llegas a ninguna parte?

Si le pusiste amor a tus convicciones.”

-NTVG

 

Todas las fotos de nuestro paso por Italia las puedes encontrar AQUI.

 

 

 

 

 

 

 

 

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