Me enamoré de un pantalón..

…y de una camisa manga larga, y de un bolso, y de un par de guantes.

En este post, que está inspirado en un post del blog theminimalists.com, quiero enfocarme en un beneficio adicional, una externalidad del volverse minimalista. El amor por tus (pocas) cosas.

Tengo un largo historial de ser tacaño. Desde que tengo memoria fui el tacaño del grupo. Nunca quise comprar colaciones en el recreo si me podía llevar algo de la casa, después fui siempre el que no quería poner la cuota pa una pizza muy cara, y después para los tragos más caros. Por lo mismo en general nunca fui muy bueno para comprarme cosas de buena calidad. Recuerdo un par de ocasiones en que me compré ropa que supe desde el momento que llegaron a mi closet, que nunca las iba a usar.

Ropa “para ocasiones”, los estúpidos dockers que pareciese que todo egresado de la universidad cree que son la llave de acceso al mundo laboral, camisas y otros pasaron por mi closet, me costaron plata y fueron donados dentro del mismo año.

Ahora mi visión cambió. Estoy dispuesto a pagar lo que valen las cosas buenas, porque sé que algo bueno vale por dos, tres y hasta diez cosas mediocres. Si voy a tener sólo una chaqueta, entonces debe ser una chaqueta que usaría TODOS los días, y así evalúo todas mis adquisiciones. Les voy a dar un par de ejemplos.

Antes de partir nuestro viaje en bicicleta pasamos una semana en Miami. Nuestra intención era comprar bicicletas allá  y llevarlas a Marruecos para empezar ahí el pedaleo. Estando allá además sabíamos que tendríamos disponible cualquier compra que quisieramos de Amazon.com y decidí aprovecharlo. Me compré unos pantalones primera capa (patas) de la marca Icebreaker para ciclistas. Pagué por ellos $45.000 pesos, cuando mi juego de primera capa anterior de dos piezas me había costado $12.990.

Está hecho de lana merino y de spandex. La lana merino es la lana de un tipo de cabra montesa de Nueva Zelanda que por algún motivo es más calida y sobretodo menos absorbente de los olores que cualquier otro material. Pensando que estas patas iban a estar en contacto directo con mi culo durante días y semanas de pedaleo intenso y que además serían mi abrigo para las noches frías pensé que iba a valer la pena.

No me salieron buenas, me salieron mágicas.

Vengo llegando de una sesión de SpeedWorks en que transpiré a rios y el bendito producto huele como recién lavado. Durante 19 días en Marruecos no se lavaron, no fue necesario. Si tengo que calcular cuanto me costó cada día que anduve con estas maravillas hasta ahora, el valor sería cercano a los 800 pesos, y creo que me van a durar al menos un año más por lo que pretendo bajar el valor a 200 pesos. Una ganga. Pueden verlas aquí.

Mi otro ejemplo es mi silla de camping Crazy Creek Hex 2.0. También nos las compramos pensando en el viaje, mi preocupación era que producto de una hernia interdiscal, estar sentado mucho rato en el suelo sin un respaldo me provoca un dolor parecido al lumbago. En los viajes cortos de preparación que hicimos cada noche cuando me tocaba cocinar en el suelo con la cocinilla a los pies de la carpa  quedaba con ese dolor, y así me costaba mucho conciliar el sueño.

Aparte de no ser barata, esta silla podía ocupar un volumen en nuestras alforjas demasiado grande y no nos permitiría llevar por ejemplo más comida, pero también se ha pagado hasta el último centavo. En Marruecos, cada hora de almuerzo teníamos la misma rutina, Encontrar al borde del camino la sombra de un olivo e instalar nuestras sillas. Preparar algun sandwich o bocadillo de almuerzo, más unas cuantas naranjas y luego de eso estirar nuestras sillas como colchonetas y dormir una pequeña siesta. Si me preguntasen ahora, de todo el mundo en que lugar querrías estar, creo que mi respuesta sería durmiendo bajo el sol en la tierra Marroquí con sólo ese pedazo de espuma sobrevalorado de colchón. Hoy aprovechando el tibio sol de invierno que hubo me llevé mi Kindle y la silla en la parrilla de mi bici al parque Metropolitano y escapé de la ciudad por un par de horas.

Mi silla mágica

Mi silla mágica

Mi punto es que mientras menos tenemos, más valor recibimos de cada una de nuestras posesiones. Nuestros pequeños tesoros eran cosas tan triviales como un cordón elástico para colgar ropa mojada en los bolsos hasta un frasco de miel. Hace unos días tuve que ir a una notaría y cuando estaba sentado me di cuenta que había perdido uno de mis guantes de bici comprado en España. No alcancé a derramar una lágrima, pero debe haber habido más de uno preguntándose que le pasa al chico con el casco en la cabeza haciendo pucheros mientras aguarda su turno.

Comprar más y más cosas creyendo que vas a llenar algún vacío en tu vida con eso, no sólo no llena ese vacío, lo aumenta. Hace que pierdas la linda relación que pudiste tener con algunas de tus posesiones, se va dividiendo hasta disolverse. Por eso comprar de más es un problema en sí, y además es un problema que se agranda mientras más lo haces. Por eso a los compradores compulsivos los comparan con cualquier otro adicto. Pretender arreglar tus problemas comprando es como llevarle una botella de Whisky a un borracho para la  resaca. Para mí fue una sensación muy liberadora cuando hice el ejercicio de introspección necesario, y concluí que solo YO debo decidir el cuanto es  la cantidad de objetos que tenga y que la opinión de los demás puede ser guardada en una cajita y a la basura junto con todas las demás cosas…es que además la opinión pública es tan contradictoria!

Todo el mundo usa los mismos jeans sin lavarlos el tiempo que quiera, pero si te pillan con la misma camiseta: sucio. La misma chaqueta: aburrido. La misma cartera:sencilla (El piropo más lindo disfrazado de improperio). Volverse minimalista da miedo, sobretodo si valoras mucho el “qué dirán”. Va a haber gente que se moleste, sobretodo si botas sus regalos de navidad. Van a pedirte explicaciones, te van a tratar con sarcasmo y van a sacar a la superficie algunas de tus inseguridades que ya tenías controladas.

Espero poder inspirar en algunos el ejercicio de introspección necesario para romper la inercia. Basta con hacerse pequeñas preguntas como: ¿ Qué ropa me emociona cada vez que me la pongo?,¿ Que actividades hago siempre sólo por cumplir? —>¿Que puedo hacer que esté a mi alcance para ser más feliz?

Al final del túnel hay una conciencia tranquila y un mucho mejor dormir. Suerte en el camino.

 

 

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