Marruecos en Bicicleta: La costa norte y Tanger.

Nuestra salida de Salé a Kenitra en forma majestuosa, escoltados y todo eso, chocó de frente con nuestra realidad desde Kenitra en adelante. Cuando trazamos la ruta por Marruecos, sabiendo poco y nada de las ciudades, decidimos llegar a Rabat y luego seguir por la costa norte de Marruecos.

La costa! Esa hermosa franja angosta que divide la tierra y el mar regalando atardeceres dorados, brisa refrescante y abundancia de alimentos propios y deliciosos… Bueno, asi es en todo el mundo menos en Marruecos. Aquí por algún extraño motivo el camino pasa a 2 kilómetros al interior de la costa. A la cuarta vez que traté de preguntar por qué y  la respuesta fue que comprara un poco de aceite de oliva me di por vencido. Desde Kenitra al norte hay tres caminos, la “Autoroute”: con peajes y prohibida para el ciclismo, la route nationale 1 que se va por el interior uniendo pueblos agrícolas de ningún interés, y un tercer camino de los que en nuestro mapa se marcan de blanco ( O sea camino chico y de dudosa conservación) que en el mapa pasa más pegado a la costa que la Autoroute. Si bien ya habíamos aprendido a la mala que tomar esos caminos sin más información podía ser mala idea (véase Demnate-cascades Douzoud), nuestra fantasía de ir por el mar pudo más y decidimos tomar ése.

Debo reconocer que a pesar de las mil bondades de Marruecos, el tema de pedir algo y que no nos entiendan y mis conversaciones en francés ya se me ha metido en los nervios. Se me ha metido tanto que me he ido dejando hablando sólo a mucho tipo que finge saber que quiero para tratar de venderme algo. Si les puedo dar un consejo es que si vienen a Marruecos traigan cantidad suficiente de cualquier bien de algun nivel de sofisticación de producción. Todo lo que es comida se encuentra bien y sin problemas pero nosotros cometimos el error de quedarnos sin bloqueador solar. 7 tiendas y farmacias recorrí usando los términos “Creme…Creme protective du soleil?….Creme protective pour soleil?? ….bloqueador, bloqueador la concha de tu hermana!” En 5 tiendas me ofrecieron crema nivea para manos, en otra me ofrecieron aceite de oliva, en las farmacias tienen cremas de esos laboratorios franceses para el sol que valen 3 millones de euro por cada mililitro. En fin ya anduvimos un día sin bloqueador con la esperanza de encontrar en Tánger y con la esperanza más remota de que en España estén de moda los bronceados con gafas de sol y a media pierna y brazo.

Al salir de la ciudad de Kenitra tuvimos 4 o 5 de esas conversaciones multilinguisticas que nos dejaron convencidos de que nos habían indicado el camino blanco del mapa. Sólo 10 kilómetros más allá nos percatamos gracias a un carel de que estábamos en el rojo y que la vuelta se nos iba a alargar unos 15 kilómetros adicionales si lográbamos dar con el camino costero. Con la intención de recorrer 20 kms hasta el siguiente cruce hacia la costa nos pusimos a pedalear por el camino más aburrido que se puedan imaginar. Primero, completamente plano, de una planicie que no se encuentra en todo lo largo de Chile, ninguna loma hacia el este ni Oeste por todo lo que abarcaba el horizonte. Además, plantado con remolacha o una planta similar de la cual no sobresale nada, podría ser maleza y sería lo mismo. Cada  kilómetros una casita o un canal de regadío y nada más. Estos caminos revierten un riesgo, que te atropellen por ir andando por el medio de la pista sin darte cuenta. La verdad de ser ese el caso creo que mi mente adormecida ni se  daría cuenta del atropello. Es impresionante como funciona la mente humana, pero en esos momentos de crisis siempre se las arregla para econtrar la peor canción de la historia y repetirla como si fuese una tortura de Stanley Kubrik, la Cami viene sufriendo con “Mueve el ombligo muevelo-o-o” y  yo con “Dale pelado se vino la pachanga”.

Afortunadamente llegamos a Mograne, que era el pueblo señalado como el comienzo del camino hacia la costa. Paramos en el almacén-restaurant-bencinera del pueblo y se requirió de la colaboración de 7 personas para decirnos que el mapa estaba malo y que el cruce era 9 kilómetros más allá. Para pasar las penas decidimos parar y almorzar una paila de huevos con aceitunas por 1 euro. Al llegar al cruce preguntamos 10 veces hasta estar seguro que era el camino correspondientes y lo tomamos decididos. El problema es que quedamos de frente al viento que a esa hora ya se hacía insoportable. 15 kilómetros por hora máxima y en bajada, una verdadera tortura.

El camino en sí nos mostró la cara más pobre de Marruecos que habíamos visto hasta ahora. Cada caserío parecía un pueblo fantasma a no ser por un par de niños jugando vestidos del Barcelona, que acá es tercera figura en importancia después de Alá y el rey.  Llegamos finalmente al pueblo por el cual pasaba el camino costero que no era la autopista y nos detuvimos a preguntarles a unos trabajadores viales donde estaba dicho camino. Nos miraron con cara rara y siguiendo su vista entendimos por qué: Estábamos sobre el camino. Esa huella llena de arena era el camino prometido que tenía que llevarnos hasta Tanger 200 kilómetros al norte. Abatidos nos empezamos a mover al norte y si bien los trabajos en el camino dieron paso a un camino de asfalto muy viejo, no nos dió el ánimo y decidimos terminar el día en un precioso bosque de Eucaliptos  que teníamos a mano derecha. Nos internamos entre los árboles hasta encontrarnos fuera de la vista de los caminos para que nadie nos pudiese sorprender pues como todo bosque plantado es propiedad de alguien no queríamos a un celador echádonos en la oscuridad.

Dado que aún teníamos una hora de luz decidimos hacer unos videos para subir explicando nuestro equipo de camping y nuestro equipaje en general. Estábamos en eso cuando unos ruidos nos pusieron en alerta, rápidamente cortamos la grabación y nos agachamos para no ser visto, en eso vemos una masa blanca y saltona acercarse en nuestra dirección. Era un rebaño de al menos unas 100 cabras que iban comiendo lo que fuese y que nos pasaron por todos lados, el pastor nos reconoció, nos hizo un gesto de amistad y siguió caminando asi que nos quedamos tranquilos. Tras comer un plato de pasta nos acostamos y estábamos durmiendo de lo mejor, por primera vez sin frío en la carpa dado que ya estábamos casi a nivel del mar cuando sentimos los ladridos bravos de unos cuantos perros. Sentí a la Cami despertarse y ponerse tensa pero no hacer ningún tipo de ruido, sentimos los pasos de los perros alrededor de la carpa conteniendo incluso la respiración. Luego de eso racionalicé un poco y le dije a la Cami que no pasaba nada, que bastaba con prender la luz de las linternas y los perros arrancarían así que volví a dormir. El problema es que después escuchamos a los perros gruñendo y ladrándose bien agresivamente lo cual si nos metió miedo pues quien sabe que tan salvajes podrían ser, y estuvimos durmiendo con un ojo abierto el resto de la noche.

Ovejas en nuestro campamento

Al despertar entre lo hermoso que se ve el bosque con los primeros rayos de sol, encontramos una oveja muerta y mordisqueada a menos de 20 metros de la carpa, y tres perros que se asustaron al vernos pero que siguieron apareciéndose, arrancando un pedazo de carne de la oveja y corriendo con él hasta que nos fuimos. Esto del camping silvestre tiene varias ventajas, como ser gratis, ser entretenido y ofrecer un montón de experiencia entretenidas, lo único que sí hay que considerar es que por muchos factores el sueño no puede ser el más reparador y basta con un poco de ansiedad para pasar una noche en vela sintiendo ruidos incluso donde no los hay.

Partimos el día por nuestro nuevo camino encontrando a cada kilómetro trabajos viales y manchones de arena en el camino que nos hacían descender y caminar hasta atravesarlos. Las casas eran cada vez más feas y el terreno alrededor del camino hacia el este se veía pantanoso mientras que por el oeste teníamos la autoroute. Cada niño que nos veía corría detrás nuestro pidiéndonos plata. Llegó un momento en que viendo al frente nuestro una subida en que el camino estaba absolutamente hecho pedazos en que decidimos cometer una irresponsabilidad y meternos a la autoroute. Era tan grande la tentación de esa berma de más de 3 metros de ancho que nos dijimos que podíamos llegar al siguiente pueblo distante a 20 kilómetros quizás dejemos atrás los trabajos viales.

Andar por una ruta así tiene varias aristas. Las buenas son la calidad del camino, el no sentirte en el camino mismo de autos y camiones y en general la velocidad. Las malas son el saber que estás ropiendo la ley en otro país y no querer verse enfrentado a una escena con policía de por medio. Además por mucho que la berma sea enorme el ser atropellado en una vía de alta velocidad significaría una muerte segura asi que decidí irme detrás de la Cami hasta que pudiésemos salir. La tercera y última de las cosas malas es que las autopistas son socavones o terraplenes bastante grandes y anchos por lo que afectan los vientos, haciendo que normalmente se sientan más fuerte y por supuesto, en contra.

 Anduvimos así unos 20 kilómetros hasta que dimos con una bencinera con área de descanso. Nada que envidiarle a una bencinera de cualquier país modernizado. Ampli baños con WC, wifi, máquina de hotdogs y otros sandwich y todo con el mismo sabor a plástico, y sobrepreciado. Almorzamos ahí y tomamos una siesta mientras esperábamos que se secara el cubretecho de nuestra carpa que seguía con el rocío del bosque. Lo más terrible vino después cuando preguntamos como tomábamos la ruta pequeña, la única forma era devolverse 5 kilómetros o llegar hasta Larache, distante 30 kilómetros más adelante. Había una tercera opción que era meterse a un pequeño túnel para cruzar por debajo la autopista pero requería subir y bajar escaleras de al menos 30 escalones y con las bicis así cargadas nada es peor que eso. Miré a la Cami y le dije que corriésemos el riesgo pero que si nos íbamos por la autopista debía ser rápido. Le expliqué el principio del drifting y le dije que se pegase lo más posible a mi rueda para no sentir tan fuerte el viento y partimos. Era el kilómetro 149 de la ruta y teníamos que llegar al 109, en cada cartel que veía me daba vuelta y le decía cuanto iba quedando más para romper la monotonía que por fines prácticos. Desde que pedaleamos juntos nunca habíamos hecho un esfuerzo deportivo tan grande como esos 30 kilómetros. Paramos a tomar agua una sóla vez y yo decidí meter una cadencia más alta que lo normal y la Cami nunca perdió el paso. Estoy súper orgulloso de saber que podemos meter ritmo de “emergencia” y salir de situaciones no deseadas hacia adelante como primera opción.

Por supuesto como nada es gratis en la vida cuando quedaban como 10 kilómetros nos abordó una camioneta de la autopista, paramos y el tipo hablaba algo de español. Le expliqué que el camino lateral estaba cortado por bancos de arena unos kilómetros más atrás (mentira) y por eso habíamos tomado la autoroute sólo para llegar a Larache de día para poder encontrar el hotel que habíamos reservado con luz del día (mentira mentira). Afortunadamente nos dejó seguir eso 10 kms, pero si lo pillábamos en un mal día ni sé en que estaríamos ahora.

La ciuda de Larache es un lugar muy poco destacable. Está en la costa pero la ciudad crece hacia el oeste alejándose de ella, no tiene playa y en la costa hay unos rompeolas horrorosos. La basura que hay cerca del litoral es impresionante, no sé cuanto se demora la población en generar tanta pero de verdad da pena como lugares con tanto potencial son arruinados por la gente. Nuestro anfitrión en Salé nos recomendó un hotel porque era de un miembro de la federación de ciclismo y nos podía costar 70 dirhams, pero al llegar allá me atendió un idiota que no hablaba ni francés, y que me dió a entender que para quedarnos en una habitación matrimonial necesitabamos un certificado de matrimonio, si no lo teníamos podíamos ir a la policía a buscar un papel. Nos fuimos riendo en su cara y pedaleamos kilómetros riéndonos aún.

Nos registramos en un hotel y salimos a comer para pasar el esfuerzo del día. Cuando nos sirvieron el pollo con papas y ensalada me lancé a tragar hasta que mi vista se topó con la de la Cami que me miraba como ves a un animal de circo. Entendí el punto y comencé a masticar, respirar y todo eso que se debe hacer sobretodo al comer en público que el hambre de verdad hace olvidar.

Al día siguiente decidimos despertarnos sin prisa, caminar un rato por el pueblo, tomar desayuno y pasar la mañana hasta el mediodía en el hotel para recuperar las fuerzas. Larahce se encuentra sólo a 80 kilómetros de Tánger y decidimos hacerlo con una noche de descanso asi que no sacábamos mucho saliendo muy temprano. Aprovechamos el brake para escribir y actualizar el blog y revisar por primera vez la ruta en España, más comenzar a cotizar el cruce en el ferry.

El camino entre Larache y Tánger es un poco más pesado en cuanto a subidas y si transcurre más cercano al mar. A 45 kilómetros de Larache se encuentra la ciudad de Asilah, donde decidimos pasar la noche en un camping junto al mar. Es la primera ciudad con una playa linda que encontramos en el camino pero, es hora de mencionar uno de los aspectos más feos de la cultura Marroquí: Son terriblemente sucios. Todo está llenos de basura, sin importar si es la berma del camino o un hermoso lugar turísitico. Hemos visto gente de todas las edades tirar todo al piso, de hecho hemos visto niños verter el contenido de un basurero al piso para sacar las tapas de yoghurts o cosas así. Como no es de sorprenderese entonces, la linda playa de Asilah estaba llena de basura, además estaba llena de los mismos campers para jubilados en todo el borde marino asi que decidimos irnos al mercado local y compramos todos los ingredientes para darnos un festín de lujo: huevos, arroz, tomates, pepinos, naranjas, néctar de naranja, aceitunas, galletas y…mayonesa! Simple detallito que hizo la diferencia entre otra comida más o una ensalada con sabor casero.

Al día siguiente salimos sin mucha prisa dado que de Tánger nos separaban sólo 40 kilómetros, los primero 40  que fueron efectivamente pegados a la playa y con viento a favor así que el pedaleo fue bastante grato. El problema es que la ciudad de Tánger es bastante grande y anduvimos casi una hora por pistas rápidas o al lado de camiones hasta que vimos un centro comercial y decidimos parar a almorzar y buscar en internet un lugar para quedarnos. Yo habría pensado que en un supermercado grande encontrar protector solar iba a ser trivial, pero no encontré y al menos obtuve una honesta respuesta: “Es que es invierno”; días de 32 grados pero para el Marroquí invierno significa frío.

Tras recorrer parte de la ciudad nueva encontramos la hostal que andábamos buscando dentro de la Medina de Tánger, donde nuevamente salieron estos idiotas sin trabajo que pasan todo el día en la calle esperando a turistas más idiotas a quienes tras pasearlos en círculos les sacan en propinas lo que nosotros nos gastamos en días enteros. Encontramos la famosa hostal y costaba una fortuna así que seguimos nuestro camino y encontramos otro hotel tipo pocilga por 12 euros la matrimonial donde pasamos la noche. Salimos a lavar ropa y a comprar los boletos del ferry, para entrar a Europa como nuevos.

Para cruzar hay dos opciones en cuanto a puertos, el puerto de la ciudad y otro que queda un poco más hacia el este  llamado Tánger Mediterraine, del cual sale un barco que cuesta menos pero se demora más. Como nuestra restricción va más por el presupuesto que por el tiempo decidimos pagar el barato (22 euros por persona versus desde 32 el de la ciudad), agarrar las bicis y hacer los 35 kilómetros hasta el puerto al día siguiente, pasar la noche ahí y luego embarcarnos a las 8:00 AM.

35 kilómetros es una distancia corta, es lo que se puede hacer en una hora sin peso y por camino plano sin problema. Pero nosotros teníamos nuestro peso y el camino no tiene nada de plano. De hecho nos tocaron dos de las subidas más difíciles en todo el país. La costa se abre  entre cerros verdes muy lindos y pequeños parches de eucaliptos dando forma a un paisaje muy parecido a la zona de Zapallar-Papudo. Llegamos al pequeño pueblo colindante al puerto con 180 Dirhams o 18 euros para comer y para pasar la noche. Encontramos el mejor sitio donde nos quedamos en todo el país tras regatear de 25 a 13 euros la noche y compramos nuevamente frutas, huevos y ensaladas y quedamos con 5 dirhams o 0,5 euros en nuestro balance hasta llegar a tierras españolas.

El atardecer cerca del puerto de Tánger-med.

Nuestra última noche en Marruecos fue curiosamente sólo la segunda, tras la noche en el bosque, en que no despertamos de madrugada con el  llamado a rezar de las Mezquitas. No queremos juzgar ninguna costumbre ajena ni menos a una religión, pero hubo noches en que tras 20 minutos de cantos horribles tipo lamento a las 4 AM no pudimos sino compadecernos de toda la población no practicante que ve su calidad de vida afectada por este tipo de cosas. Bueno, y ya que estamos hablando de eso hay que mencionar las pocas libertades de la mujer incluso en el matrimonio. Cada vez que hablamos con alguien que hablase español pero fuera parte de la cultura Marroquí nos miraba como diciendo “tienes razón es terrible, pero que se le va a hacer”.

Hasta el último día recorrimos según nuestro computador 1.081 kilómetros sin ningún pinchazo, pero el destino se dió el gustito de darnos el primero en los 5 kilómetros que separan el pueblo del puerto. Afortunadamente ocurrió tan cerca del puerto que llegamos caminando si retrasarnos pero me hizo agradecer ser tan maniático-odioso cuando se refiere a viajes y a puntualidad en general porque de haber ocurrido 2 kilómetros antes, igual hubiésemos tenido un pequeño colchón de tiempo para cambiar la cámara y llegar.

Nos encontramos actualmente a bordo del ferry viendo como África es tragada por la niebla matutina, una manada de delfines nos entretiene mientras despeja y pensamos ya en los primeros 63 kms  que haremos en España, desde Algeciras hasta el pueblo de Estepona donde nos recibirá un miembro de Warmshowers que viajó en su bici desde  Santiago hasta Puerto Natales.

Nuestro paso por Marruecos fue una delicia, tanto en la experiencia sobre las bicis, como por la hospitalidad de la gente. Nos pudimos dar lujitos que en Europa occidental se van a hacer realmente escasos como las noches en habitaciones privadas con baño, o las comidas en rastaurants, y aun así mantenernos bastante bajo nuestro presupuesto diario. No sufrimos con el frío ni con el calor y no fueron más de un par los momentos donde los choques culturales se nos hicieron realmente molestos. Lo que al principio fue solo una etapa “anexa” del viaje mientras esperábamos que mejorase el clima en Europa resultó tener todo lo que soñamos que nuestra aventura fuese.

Nos vemos en España.

Revisa todas las fotos de nuestro paso por Marruecos AQUI

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