De capurganá a Medellín: Mar, tierra y cielo

Estamos prontos a cumplir un mes de nuestro viaje, y nos encontramos ya en nuestro tercer destino, Medellín.
No es fácil resumir en un par de historias nuestros 16 días en Capurganá así que lo haremos por temas según la relevancia para nosotros.
El primer lugar se lo lleva la vegetación y la fauna. Cada noche cuando volvíamos del pueblo a nuestra carpa nos tocaba espantar con la luz a decenas de sapos que arrancaban saltando. Además al brillo de nuestras linternas se reflejaban cientos de puntos brillantes por el camino que resultaron ser ojos de arañas de todos tamaños. Éstos los veíamos literalmente hasta al llegar a la carpa pero nunca nos inspiraron mucho miedo.
La visibilidad en el mar mejoró con el paso de los días y aprendimos la técnica para hacer snorkelling, caretear en la jerga local, entrar por un costado de la playa y dejarse llevar por la corriente hacia el otro. Así nos tocó ver cardúmenes de peces de coral de todos corales, una barracuda y una morena.

Vimos además iguanas, tucanes, loritos…en fin, sólo por la observación de la naturaleza ya se paga un viaje a estos parajes.

 

Cohabitantes de una palmera en playa La Miel

Ardilla y carpintero conviven en playa La Miel

Cami con Periquito

Cami con Periquito

 

 

Tuvimos mucha suerte con la gente que nos tocó conocer. Mauricio, el encargado del camping, era una enciclopedia de la zona y nos explicó sobre las complicaciones sociales de la vida de pueblo chico apartado del mundo. Conocimos además a un gran tipo llamada Dani Restrepo, de Bogotá. Guitarrista de una banda y productor musical, Dani viajó por todo América con su guitarra así que empatizó mucho con nosotros incluso invitándonos a pasar las ultimas noches en un cuarto en la hostal de sus abuelos, fue la primera ocasión en este viaje en que alguien sin conocernos nos abre sus puertas así como nosotros abrimos las nuestras a otros viajeros y por supuesto la experiencia fue excelente.
Conocimos además al instructor del centro de buceo llamado Andy: inglés, cerca de sus 45, buzo, practicante de yoga, programador, saxofonista, salsero…creo que él define bien lo que pueden lograr las personas que priorizan su tiempo sobre sus bienes. Conversar con Andy fue una lección de integridad y convicción, aunque en el momento sólo lo vi como falta de ambición.

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Julián, Sebas, Dani, Mati y Andy

 

El punto negativo de Capurganá es la falta de cultura de sus locales. Gente cerrada y floja, tienen su oasis lleno pero lleno de basura y sin ningún cuidado por lo estético del pueblo turístico. Para ellos el mayor símbolo de status era tener el equipo de sonido más grande del pueblo. Había momentos en que si nos parábamos en la cancha del pueblo podíamos escuchar ballenatos y salsa de por lo menos 7 fuentes distintas pero no podíamos conversar. Lo que más nos indignó de la cultura local era su trato a los animales. Los perros estaban mal, pero la peor pare se la llevaban los caballos. No habiendo autos en el pueblo el medio de transporte son carros tirados por caballos. Nos tocó verlos a todos flacos hasta las costillas, con espasmos musculares y heridas en los puntos de enganche de los carros. Nos tocó verlos arrastrando a familias enteras por senderos en subida, arrastrando vigas de madera de hasta 4 metros agarradas a sus aperos directamente y verlos por la noche tratando de comer alguna hierba por las calles terrosas? Le preguntamos a un niño como se llamaba el caballo que conducía y nos dijo que no tenía nombre, así con el cariño por su mascota y fuente laboral.

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Caballo cargando vigas

 

Hubo otros personajes que conocimos que me resultaron particularmente interesantes que describo como los viajeros aperrados.
Una alemana cruzando America haciendo malabares con fuego, una pareja Argentina sin un peso viajando de lo que reciban cantando y tocando el cajón peruano, y hasta el mismo Pablo, el Chileno que conocimos en Sapzurro que lleva 3 años de sur a norte por América Latina con sus rutinas humorísticas y uno que otro trabajo esporádico. Es difícil saber donde ubicarnos en relación a este grupo pues compartimos algo muy relevante como es el llamado a viajar, y no creo que el hecho de que nosotros viajemos con nuestros ahorros haga una diferencia muy relevante, mal que mal a nosotros tampoco nadie nos regaló nada.
Donde creo que está la diferencia es en el tipo de conexión con nuestras raíces. Creo que mientras nosotros nos fuimos con lágrimas, hay gente a la cual volver a su ciudad simplemente no es opción, y eso les ayuda a darle pa delante como si todos los lugares fueran iguales. Pensando en los períodos difíciles que se nos vienen en las bicis espero que seamos capaces de erradicar la idea de que “siempre podemos volver”, ya nos amarramos con un desafío y hay un punto que debemos probar.

Nuestros últimos días en Capurganá fueron de mal clima. Dejamos de salir a recorrer los senderos para que no nos pille la lluvia, y a la playa bajábamos a veces sin tocar el agua. Nos decidimos por el viernes 23 de Enero para viajar rumbo a Medellín. La primera parte del trayecto correpondió a un viaje en bote de dos horas por el golfo de Urabá hacia la ciudad de Turbo.
Lo más cool del viaje fue encontrarnos en el muelle con uno de los cicloviajeros más hardcore del orbe: Tori Collins de crazyguyonabike.com.
Si abren el link verán que el loco comenzó su viaje en Inuvik, Canadá, bien dentro del círculo polar ártico, y viaja a Ushuaia. Aplausos para él.
Lo menos cool del viaje fue la lluvia de 15 minutos que nos dejó estilando el resto del viaje. Afortunadamente mientras yo tiritaba la Cami pudo conciliar el sueño.
De Turbo no vamos a hablar porque es la ciudad más asquerosa en donde hemos estado. Ahí tomamos un bus/micro, porque a pesar de ser un bus paraba en TODOS los paraderos y a todas las personas que lo solicitacen. Adicionalmente el camino hasta Medellín cruza las sierras occidentales de Colombia.
Yo no sé como rankea esta parte entre los cordones montañosos maás brigidos de America, pero fue terrible. La recta más larga debe haber sido de unos 50 metros, estuvimos bordeando y trepando cerros hasta literalmente alcanzar las nubes. El camino de 380 kms lo terminamos en un poco menos de 9 horas.
Mientras yo miraba el vacío y respiraba hondo para evitar vomitar, la Cami no tuvo problemas para conciliar el sueño. Me conforta saber que no importa que tan duras se pongan las cosas en nuestra ruta, por lo menos la mitad del equipo siempre tendrá el debido descanso.

Las buenas noticias es que ya terminamos con éxito la planificación del viaje. El Viernes 29 de Enero partimos rumbo a Bogotá. Luego el viernes 6 de Febrero nos vamos a Miami en busca de bicis y equipo, y el 13 de Febrero cruzamos el charco hasta Madrid. El 18 ya nos vamos a Marruecos a comenzar la travesía. Hasta ahí las definiciones, hasta ahí las fechas exactas y hasta ahí las certezas. Esperamos que sigan atentos a lo que se escriba por aquí.

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Nuevo look típico de la fiesta de San Pacho. Regalo de Mauricio.

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Comentarios

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One thought on “De capurganá a Medellín: Mar, tierra y cielo

  1. Rosa María

    Dificil esa pasada chicos, pero por lo menos parece que la cami no tiene problemas para conciliar su tuto, vamooooos queda mucha aventura!!! Miles de cariños!!

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